John Frederic Bateman
1810-1889
Imagine toda S’Albufera de Alcúdia convertida en un campo de cultivo. En un inmenso arrozal, concretamente. Antes de su visión turística y medioambiental la zona era sólo una ciénaga fuente de fiebres y paludismo. En 1862 llegó el mesías, el doctor empresario John Frederic Bateman.
"Aquellos dilatados y tétricos cañaverales en cuyas deletéreas brumas se cernía pavorosa la imagen de la muerte". Así describía la Revista de Obras Públicas la percepción que se tenía de S’Albufera en el siglo XIX. «Era una zona de ambiente enfermizo origen de muchas fiebres, enfermedades y paludismo. Siempre se decía que a Sa Pobla iban a vivir quienes no tenían otro lugar», añade el investigador y geólogo Andreu Muntaner.
Al mal estado de la salud pública se sumaban las crecidas de sus aguas que arrasaban muchas tierras de labor. Una situación inaguantable que hizo que proliferaran los intentos de desecación desde el siglo XVIII. La gran productividad de la zona hacía pensar en un aprovechamiento agrícola además del saneamiento.


