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sábado, 27 de agosto de 2011

Ramon Margalef, el primer ecologista marino

Ramon Margalef
1919-2004

Los seis años que el ejército arrebató a la vida de Ramon Margalef acabaron en Mallorca en 1943. Fue aquí donde el científico se inició en el estudio de los organismos acuáticos con el que, años después, se convertiría en un referente mundial. Una faceta que pasó del análisis empírico y directo a un nivel superior de la biología y que sentó las bases de una nueva ciencia: la ecología. 

Su vocación comenzó como una afición en el huerto de aquella casa barcelonesa en la que nació en 1919. Descubrió el mundo de los insectos, aprendió a clasificar mariposas y se enroló en el Centre Excursionista de Catalunya donde aprendió la relación de determinadas especies con su entorno.

La Guerra Civil lo truncó todo. Tenía sólo 19 años cuando fue llamado a filas. Ramon Margalef redactó comunicados y crónicas con una vieja máquina de escribir y participó en la Batalla del Ebro antes de creer que terminaba su tiempo en el ejército. No sería así. Con el bando nacional victorioso, volvió a ser reclutado en la unidad de artillería. Franco preparaba la intervención de España en la Segunda Guerra Mundial del lado de Alemania e Italia. Pero nunca se haría realidad.


Rafael Oleo Quadrado, el enciclopedista botánico


Rafael Oleo Quadrado
1806-1878

Dicen que si no se hubiera empeñado en rescatar del olvido la Historia de Menorca, Rafael Oleo Quadrado sería más conocido por su faceta botánica. La misma que le llevó a estudiar Farmacia y a instalar botica en su Ciutadella natal. Quizás así, los trece volúmenes –con grabados de flora y fauna– de sus Noticias histórico-topográficas habrían visto la luz. Hoy siguen como un manuscrito inédito.

Nació en 1806 en el seno de una familia burguesa de Ciutadella que procuró la mejor educación para sus hijos. Obtuvo un bachiller en Artes en 1828 y, poco después, se trasladó a la Universidad de Valencia para estudiar Botánica. Allí, Rafael Oleo alternó su formación con las prácticas en el Hospital Civil de la ciudad.

Circunstancias personales le obligaron a trasladarse luego a Barcelona, donde finalizó sus estudios en 1838 con la tesis De combustione, que escribió y leyó en latín. Sólo un año después regresó, para quedarse de manera definitiva, a Ciutadella.


El hilo submarino de O'Donell

Más de mil kilómetros de cable telegráfico serpentean Baleares por tierra y mar. Son los restos de un proyecto casi faraónico que permitió a las Islas salir de su aislamiento a mitad del siglo XIX. Fue el gobierno del general O’Donnell el que decidió conectarlas con la Península gracias al telégrafo. Casi dos siglos después, los avances de la comunicación han condenado la madeja a una olvidadiza obsolescencia.

Fue el proyecto de los hermanos Brett de salvar el Canal de la Mancha y comunicar Gran Bretaña y Francia con el telegráfo el que desencadenó el fenómeno. Que el intento resultara poco duradero, como el de unir Europa con Estados Unidos, era lo de menos. La posibilidad de aislar los cables con una cubierta de alambres de acero –resistente al roce de las rocas y sumergible sin pesos adicionales– abrió la veda a las conexiones submarinas.

En España, una ley de abril de 1855 puso en marcha la primera red telegráfica. Tres años después, su implantación en la Península ya se había completado. Sin embargo, el paso de los ríos se había hecho siempre por encima de puentes. Un conflicto provocaría la instalación del primer cable submarino.


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