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jueves, 5 de abril de 2012

Ramon Llull, las tres autopsias del Beato

Ramon Llull
1232-1315

Dicen que tenía 84 años cuando Ramon Llull llegó a Bugía. Quería predicar el evangelio en territorio musulmán. Contaba con el permiso del regente de la ciudad pero, según la tradición, nada impidió que fuera lapidado por sus sermones. Con la llegada de sus restos a Mallorca comenzó un periplo científico para demostrar la autenticidad de aquel martirio. Tres autopsias principales se sucedieron hasta certificar, en 1985, que el Beato no murió víctima de aquella supuesta tortura.

No era la primera vez que Llull predicaba en la zona, donde ya había sufrido cárcel, destierro y persecución. En aquella ocasión, según recogieron los cronistas, fue lapidado por musulmanes en la ciudad argelina de Bugía. Pese a que se le dio por muerto, unos mercaderes genoveses comprobaron que aún respiraba después de pedir su cuerpo a las autoridades.

Al parecer, el Beato falleció al llegar a Mallorca, a donde el viento había desviado el barco de los comerciantes en su regreso a Génova. El cadáver fue depositado, de manera provisional, en un arca en la sacristía del convento de San Francisco de Palma. La certeza de que la Iglesia le canonizaría pronto hizo que no se le enterrara.

Joan Pons Moyà, el rastreador del Myotragus

Joan Pons Moyà
1955-2003

La inmersión de Joan Pons en la ciencia fue un proceso tan cuidadoso y escalonado como adentrarse en una cueva. Primero fue la espeleología; después, la fauna. Por un lado la cavernícola, que recolectó para otros investigadores. Por otro, los restos fósiles de especies endémicas con los que reconstruyó la evolución del Myotragus. Una carrera brillante que acabaría con el hallazgo del resto humano más antiguo de la Península Ibérica.

Nació en Palma en 1955 y sus inquietudes naturalísticas comenzaron muy pronto. Era sólo un adolescente cuando, a través de la Societat d’Història Natural de Balears, conoció al paleontólogo Juan Cuerda (ver entrada). Las excursiones que realizaron juntos en un Seat 600 le acercaron a la malacología marina y a los estudios del Cuaternario. Sin embargo, su adhesión al Grup Espeleològic Mallorquí reorientarían su interés hacia las cavidades.

Desde aquel grupo, Joan Pons formó parte de una generación pionera que emprendió la catalogación y topografía sistemática de las cuevas de Baleares. La bioespeleología fue, entonces, un paso casi natural desde el que recolectó algunas especies cavernícolas como el escarabajo Reicheia balearica que describiría el mismísimo Francesc Español (ver entrada).

jueves, 22 de marzo de 2012

Ramón y Cajal y los cefalópodos de Porto Pi

Santiago Ramón y Cajal
1852-1934


Con la concesión del Nobel de Medicina en 1906, a Santiago Ramón y Cajal le llovieron las ofertas para presidir actos científicos en toda España. El Colegio Medicofarmacéutico de Palma también decidió nombrarle socio de honor después de un gran homenaje que no pudo contar con su presencia. Pasarían cuatro años hasta que el célebre histólogo llegara a Mallorca en un viaje en el que estudió el sistema óptico de los cefalópodos en el antiguo laboratorio de Porto Pi.

El Nobel le complicó la agenda a Ramón y Cajal. Aquel galardón movilizó a un panorama científico de instituciones y academias que se disputaron su presencia durante los años siguientes a 1906. Así empezó, también, su relación con la Isla. El 3 de marzo de 1907 el Colegio Medicofarmacéutico de Palma nombraba al histólogo socio de honor y celebraba una gran velada como homenaje a la que él no pudo asistir.

Tampoco lo hizo en 1908. Su amigo, el zaragozano Odón de Buen (ver entrada), acababa de ser elegido director del Laboratorio de Biología Marina de Palma y decidió invitarle al acto de nombramiento. Les unía una estrecha relación forjada durante los años de formación que compartieron en la Institución de Libre Enseñanza y en la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. «Pero Cajal [que entonces tenía 54 años] seguía poniendo la investigación por encima de todo, y le costaba mucho dejar la silla y el microscopio y salir del laboratorio», señala el Doctor en Biología y profesor de Fisiología de la UIB, Antoni Gamundí.

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