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domingo, 6 de octubre de 2013

Martin Eisentraut, el acelerador de Darwin

Martin Eisentraut 
1902-1994 

Miró a un lado y a otro. No había nada ni nadie que pudiera impedírselo. Encaramado a un acantilado de Es Dau Gros, Martin Eisentraut estaba a punto de revolucionar la ciencia. Abrió un recipiente –una jaula o una caja– y soltó en el islote ocho lagartijas macho del Escut Vermell y 20 hembras de Ibiza. Un reto para la naturaleza que acabó por darle la razón al darwinismo.

La zoología siempre estuvo en su vida. Nació en octubre de 1902 en Thungia, Alemania. La disciplina estaba en los primeros escarceos de Eisentraut con la naturaleza. También en las tres especialidades que, junto a botánica y geología, estudió en la Universidad de Halle para doctorarse en 1925.

Su currículum comenzó en el Museo de Historia Natural de Berlín. Allí consiguió colaborar en la sala de biología para una exposición sobre la hibernación. Le fascinaron los hamsters europeos y los murciélagos, a los que acabaría por dedicar una quinta parte de sus estudios. Pero las lagartijas se cruzaron en su camino.

Los años 20 marcaron el boomde la herpetología en Alemania. «Una auténtica locura en la que los científicos competían en la descripción de subespecies y, después, en conseguir que las revistas publicaran sus hallazgos», explica el profesor de Zoología de la Universidad de Salamanca, Valentín Pérez Mellado. Baleares se antojaba como un paraíso para aquellos estudiosos. Un archipiélago plagado de islotes por explorar y por sacar a la luz nuevos descubrimientos. Eisentraut llegó en 1928 en una suerte de competición, según algunos, con el herpetólogo L. Müller.

sábado, 19 de enero de 2013

Eduard Fontseré y el sismógrafo balear


Eduard Fontseré
1870-1970


La Granja Experimental de Barcelona supuso el inicio de los estudios meteorológicos de Eduard Fontseré. Una faceta que le llevaría a ser subdirector de la red de mediciones de Cataluña y Baleares. Dos regiones a las que luego extendería también sus trabajos sobre sismología. En 1918 la recopilación de datos históricos motivó la elaboración del primer catálogo de terremotos y olas sísmicas del archipiélago.

El boletín de la Sociedad Astronómica de Francia publicó su primer estudio aún antes de que Fontseré obtuviera la licenciatura en Ciencias Físicas y Matemáticas en 1891. Un hecho que avanzaba ya su prometedora carrera. Tras doctorarse en la Universidad de Madrid, regresó a Cataluña dispuesto a renovar los métodos de investigación científica.

Autor del proyecto para la creación de un observatorio astronómico, meteorológico y sísmico en el Tibidabo, sería hacia final de siglo cuando se incorporara a la Granja Experimental de Barcelona como responsable de la estación de meteorología. Creada en 1863, estudiaba la influencia del clima sobre los cultivos.

Aquella organización llevó al catalán a iniciarse en la investigación climatológica para incorporarse, tiempo después, a la Red Meteorológica de Cataluña y Baleares como subdirector. Su colaboración en la fundación de la Sociedad Geográfica de Barcelona terminaría por perfilar luego su interés por la sismología.

Catalina Llabrés, la boticaria de la Casa Real


Catalina Llabrés Piris
1901-1983

Catalina Llabrés fue siempre menos conocida que su familia. Primero, eclipsada por su hermana María (ver entrada), la primera médico oficial de Baleares. Luego, muchos años después de su muerte, por un hijo que legó toda su herencia a los Príncipes de Asturias. Quizá su nombre quedó como un personaje secundario de la Historia, pero había sido pionera entre las mujeres farmacéuticas de Menorca.

Nació en marzo de 1901 en Ciutadella, la hija mayor del empresario zapatero Francisco Llabrés. Allí, en la ciudad menorquina, estudiaría la primera y la segunda enseñanza, para terminar en 1919. Su impulso fue, como recuerda su sobrina María del Carmen Arregui, dedicarse a la docencia. Para ello se trasladó a Mallorca hasta completar sus estudios en Magisterio.

La intención de Catalina era regresar a su isla para ejercer como profesora. Pero entonces, la fábrica de calzado familiar se había vendido con el objetivo de que los Llabrés se mudaran a Barcelona. Era el viaje que cumpliría el sueño universitario que su padre perseguía para su hermana: que estudiara Medicina. "Un traslado en el que no quiso que Catalina se quedara sola en Menorca, así que acabó con ellos en la Ciudad Condal", relata su sobrina.

William Morton Wheeler, el sociólogo de las hormigas


William Morton Wheeler
1865-1937

Recorrió medio mundo espiando cada territorio a ras de suelo. Las hormigas fueron, desde muy pronto, la pasión de William Morton Wheeler. Catalogó y describió especies, analizó su ecología y sus hábitats, pero su comportamiento fue uno de los aspectos que más le fascinó. Un curioso sociólogo de insectos que en 1925 trasladó sus investigaciones a Baleares.

Fue en la Universidad de Texas (Estados Unidos) donde Morton Wheeler inició sus estudios sobre hormigas. Allí debutaba como profesor de zoología. Nacido en Milwaukee en 1865, desarrolló dese muy joven un gran interés por los insectos. Se formó como embriólogo con BaurDohrn Whitman; y cuando –ya en el nuevo siglo– ingresó como responsable del área de invertebrados en el Museo Americano de Historia Natural, sus investigaciones tomaron una dimensión internacional.

Pasó años viajando por todo el mundo. Cuba, México, las Islas Galápagos o España. Su llegada a Baleares en 1925 coincidió con su aterrizaje en Europa y su estancia en la Universidad de París como profesor de intercambio. Primero visitó Marruecos, Canarias y el sur de nuestro país antes de dar el salto a las Islas invitado por Allison V. Armour. Por entonces, el conocimiento del americano sobre las hormigas baleares se limitaba a los trabajos previos de LomnickiTenenbaum Menozzi.

"Pasó 13 días en el archipiélago", recuerda el entomólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona, Xavier Espadaler. Acompañado por su anfitrión y en el barco de éste, el Utowana, visitó Mallorca, Menorca e Ibiza. Su objetivo era recoger ejemplares de hormigas en varias localidades no visitadas por Tenenbaum ni Eidmann, los recolectores que le habían precedido.

martes, 23 de octubre de 2012

Cristóbal Veny, el llanero de las necrópolis

Cristóbal Veny
1925-2007

Se inició en la arqueología cuando la disciplina era un erial científico en España. Pasarían casi 30 años hasta que Cristóbal Veny vio publicados sus trabajos sobre las cuevas sepulcrales del Bronce Antiguo, pero aquél sería el inicio de una carrera ligada a la cultura funeraria previa a la romanización. Junto a su monumental Corpus de inscripciones baleáricas, en su currículum destaca su participación en una de las primeras excavaciones submarinas de Mallorca.

Nació en Porreres en 1925 y su vida quedó pronto ligada a la carrera eclesiástica desde que comenzara su primera enseñanza como blauet de Lluc. En 1940 Veny ingresaba en la congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones para ordenarse presbítero en 1949. Pero su faceta como religioso se orientó hacia la docencia como maestro en el mismo santuario de Escorca y después en el colegio Obispo Perelló de Madrid.

Para entonces, ya había comenzado su interés por la arqueología, aunque la posguerra había reducido las investigaciones a la mínima expresión en todo el país. «Después del conflicto se inició una gran limpieza de los investigadores anteriores. Junto a la falta de dinero y de universidades, fue una de las causas de la ausencia de grupos en favor de arqueólogos en solitarios», señala el experto David Javaloyas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Gabriel Llabrés Quintana, el excavador oficial de Pollentia

Gabriel Llabrés Quintana
1858-1928

Las primeras noticias sobre Pollentia databan del siglo XVII. Desde entonces, un par de hallazgos casuales y otros tantos estudios sobre la zona fueron lo único aportado a la Historia de la arqueología. Fue en 1923 cuando el erudito Gabriel Llabrés Quintana obtuvo el permiso del Estado y se convirtió en el director de las primeras excavaciones en el área. Una ciudad romana hoy icono del patrimonio mallorquín.

Nació en Binissalem en 1858 en el seno de una familia convencida de que la mejor herencia que podía dejarle era una buena formación. Y así se marchó primero a Barcelona donde estudió Derecho y Filosofía y después a Madrid donde obtuvo la licenciatura de Filosofía y Letras. Soñaba, dicen, con ser catedrático universitario, pero su trayectoria acabaría yendo por otros derroteros. La educación, sería la excusa pero la Historia sería su velada pasión.

En aquel intento de hacer carrera como historiador, ganó por oposición una plaza de ayudante del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Primero le destinaron a Teruel y luego a Barcelona. Después, se convirtió en profesor auxiliar en Palma y durante doce años se dedicó a suplir las faltas y vacantes de todas las asignaturas de Letras.


La frustración docente crecía al mismo tiempo que se alimentaba de la erudición y la investigación. Corría 1885 cuando creó el Butlleí de la Societat Arqueològica Lul·liana, una publicación fundamental para divulgar la Historia de Mallorca. La institución había nacido sólo cinco años antes.

domingo, 26 de agosto de 2012

María Llabrés, la primera médico oficial

María Llabrés Piris
1904-1996

En 1991 María Llabrés Piris recibía la medalla de oro de sus compañeros de gremio. Detrás de la celebración de sus 50 años como colegiada se escondía, también, el honor de haber sido la primera mujer en ejercer la medicina en Baleares. Convertida en pionera también como maternóloga y tocóloga de la comunidad, vivió la gran transformación de la profesión durante sus casi seis décadas de carrera.

Nació en Ciutadella en agosto de 1904, hija del empresario del calzado Francisco Llabrés Moll. Estudió en el Instituto General y Técnico de Mahón donde ingresó en 1917, pero cuando llegó el momento de labrarse una profesión, su padre le planteó dos alternativas: "O se incorporaba a la fábrica familiar como empleada rasa o estudiaba una carrera", recuerda su hija, María del Carmen Arregui. Ella optó por la segunda opción.

La decisión llevó a la venta del establecimiento zapatero y al traslado de la familia a Barcelona. Tras finalizar allí el bachillerato, María Llabrés Piris entraría en la Universidad de Barcelona para estudiar Medicina. Su hermana Catalina haría lo propio en Farmacia. "En los archivos figura que María estudió de manera no oficial, es decir, no presencial. En aquella época era algo común porque las mujeres no iban solas a ningún sitio, y menos a una clase compartida con hombres", señala la profesora de Historia de la Enfermería de la UIB, Gloria Gallego.

lunes, 11 de junio de 2012

Maria Lluïsa Canut, feminismo desde la física

Maria Lluïsa Canut
1924-2005

Su tesis Dinámica de redes en cristales moleculares la convirtió, a mediados de los 50, en una investigadora puntera en la cristalografía española. Maria Lluïsa Canut sería, durante 40 estudios científicos y otros tantos años, la otra pieza de un tándem en el que, junto a José Luis Amorós, consiguió prestigio a nivel internacional. Su llegada a la Southern University de Illinois le permitió convertirse, además, en líder de un movimiento feminista por la igualdad de sueldos para las mujeres docentes.

Nació en Mahón en 1924, pero su carrera científica no comenzó hasta su traslado a la Ciudad Condal. En la Universidad de Barcelona se licenciaría en Ciencias Físicas para luego doctorarse, en 1955, con su primer trabajo de investigación. Una tesis titulada Dinámica de redes en cristales moleculares y cuyo proyecto había dirigido el experto cristalógrafo José Luis Amorós.

«Aquel trabajo supuso un plantemiento muy novedoso para la época ya que analizaba el movimiento de las moléculas dentro de los cristales a través de la observación por rayos X», afirma el catedrático de la Universidad de Barcelona, Salvador Galí. La tesis de Maria Lluïsa Canut resultaba casi un «atrevimiento» en un panorama universitario con escasos recursos para la experimentación y prácticamente estancado desde la Guerra Civil.

domingo, 20 de mayo de 2012

El laboratorio del seminario

Un cuaderno de contabilidad de 1862 recuerda la primera compra de instrumentos. Hacía sólo cuatro años que el Seminario de Ciutadella había arrancado después de que la isla restaurara su diócesis. En él se desarrolló la enseñanza de las ciencias naturales y, siguiendo el decreto Cañal, se creó el primer laboratorio de física. Durante muchos años Menorca no fue una diócesis independiente. La sede estaba en Mallorca y esto, junto a la falta de recursos económicos, hizo que no se planteara la creación de un seminario. Los menorquines que querían seguir la carrera eclesiástica tenían que salir de la isla. Sin embargo, la restauración de la diócesis en 1785 dio un giro a las circunstancias.

El obispo Tomás de la Roda Rodríguez primero, y la reina Isabel II después, autorizaron la creación de un seminario. El centro –dotado con 4.000 duros anuales de subvención además de los ingresos por matrículas con los que contaba– era el encargado de proporcionar una formación adecuada a los religiosos. En 1858 la escuela abría sus puertas.

Aquélla fue una fecha señalada. Durante unos años y tras el cierre de la Escuela Náutica de Mahón, el Seminario se convirtió en el único centro de enseñanza secundaria. «Los documentos que se conservan apuntan a que también había alumnos no religiosos que se preparaban allí para después obtener el título», señala la licenciada en Física e investigadora, Paz Carreras. Una especie de preparación por libre para el examen final que se realizaba en Palma.

viernes, 20 de abril de 2012

Juan Comas Camps, el antropólogo de México


Joan Comas Camps
1900-1979

La misma Guerra Civil que le reclamó para trabajar en la Dirección General de Enseñanza Primaria acabó después, tras su desenlace, por obligarle a exiliarse de España. Pero Juan Comas Camps tenía claro su futuro. Viajó a Ginebra para terminar el doctorado en ciencias antropológicas antes de dar el salto a México. Allí desarrollaría una brillante carrera científica como indigenista y defensor de la corriente antirracista.

Nació en Alaior en 1900 pero su padre, maestro de escuela, decidió pronto trasladar a la famlia a Mallorca con el sueño de que sus hijos pudieran seguir su carrera. Juan Comas tenía sólo 6 años cuando dejó Menorca. Tendría 17 cuando se convirtió en profesor, una meta que se le antojó demasiado fácil y que le llevó a ingresar luego en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio recién fundada en Madrid.



El objetivo de aquel nuevo centro no era sólo formar profesores, sino también inspectores de Enseñanza Primaria. Un cargo que el menorquín ejercería desde 1921 hasta 1940 en Girona, Tenerife, Lugo y Segovia. La facilidad con la que había logrado aquel propósito le dejó, de nuevo, insatisfecho y le hizo ampliar aún más su formación.



Hacia 1930 Comas ya soñaba con convertirse en antropólogo profesional. Todo había comenzado en la capital donde uno de sus maestros, Luis de Hoyos Sainz, le puso en contacto con aquella rama científica. Ese nuevo giro en su carrera le llevaría a estudiar ciencias naturales, para terminar en Ginebra con la licenciatura de ciencias biológicas.

jueves, 5 de abril de 2012

Joan Pons Moyà, el rastreador del Myotragus

Joan Pons Moyà
1955-2003

La inmersión de Joan Pons en la ciencia fue un proceso tan cuidadoso y escalonado como adentrarse en una cueva. Primero fue la espeleología; después, la fauna. Por un lado la cavernícola, que recolectó para otros investigadores. Por otro, los restos fósiles de especies endémicas con los que reconstruyó la evolución del Myotragus. Una carrera brillante que acabaría con el hallazgo del resto humano más antiguo de la Península Ibérica.

Nació en Palma en 1955 y sus inquietudes naturalísticas comenzaron muy pronto. Era sólo un adolescente cuando, a través de la Societat d’Història Natural de Balears, conoció al paleontólogo Juan Cuerda (ver entrada). Las excursiones que realizaron juntos en un Seat 600 le acercaron a la malacología marina y a los estudios del Cuaternario. Sin embargo, su adhesión al Grup Espeleològic Mallorquí reorientarían su interés hacia las cavidades.

Desde aquel grupo, Joan Pons formó parte de una generación pionera que emprendió la catalogación y topografía sistemática de las cuevas de Baleares. La bioespeleología fue, entonces, un paso casi natural desde el que recolectó algunas especies cavernícolas como el escarabajo Reicheia balearica que describiría el mismísimo Francesc Español (ver entrada).

sábado, 10 de marzo de 2012

La hazaña del geodesta Ibáñez

Carlos Ibáñez
1825-1891

El levantamiento contra las tropas napoleónicas dejaría a Baleares aún más aislada, geodésicamente, de lo que ya estaba. François Aragó, por su origen francés, se veía obligado a escapar disfrazado de payés mientras dejaba inconclusa la conexión de las Islas con el continente. Pasaría medio siglo hasta que alguien continuara el proyecto. Entre problemas económicos y administrativos, Carlos Ibáñez sería responsable de tal hazaña.

Nació en Barcelona en 1825, pero tardaría poco en trasladarse a Guadalajara para ingresar, en 1838, en la Academia de Ingenieros. Allí, estudiaría tanto disciplinas militares como científicas, algo que explicaría su ascenso meteórico en el Ejército. En una década se convertiría en teniente coronel. Sin embargo, su paso a la posteridad llegaría por ser considerado uno de los mejores geodestas de Europa.

Su primera gran oportunidad llegaría en 1853. Carlos Ibáñez era elegido miembro de una comisión creada para la elaboración de un mapa general de España. Un encargo del Gobierno por el que proyectó un nuevo instrumento para medir bases geodésicas que sería conocido como regla española.

domingo, 22 de enero de 2012

Andrés Hernández, el farmacéutico de la Armada


Andrés Hernández
1744-1817

Su farmacia era reconocida en todo Mahón. Sus fondos de tinturas, ungüentos y jarabes la convirtieron en proveedora del resto de oficinas de la ciudad. Una fama a la que Andrés Hernández sumaba su pertenencia al Colegio de Boticarios de Madrid así como el cargo de corresponsal del Real Jardín Botánico. Dos bazas que utilizó en una competición en la que se enfrascó por abastecer de medicinas al hospital naval.

Nació en Mahón en 1744 y allí pasó toda su vida. Estudió gramática latina y Farmacia, rama sobre la que construiría su trayectoria profesional. Sus dotes le convirtieron en docente en la materia y en socio del Colegio de Boticarios de Madrid en 1784. Apenas cinco años antes de que la capital menorquina le nombrara examinador apotecario.

Había instalado farmacia en Mahón y su oficina, repleta de bálsamos, emplastos y jarabes, podía presumir de abastecer al resto de boticas de la ciudad. Él era un rico hacendado que gozaba de tanto prestigio como su tienda, pero para entonces ya se había enfrascado en una guerra farmacéutica. El Tratado de Versalles de 1783 había devuelto Menorca a la Corona española y, con ella, los barcos de su flota al puerto mahonés. Un retorno que inició una competición por abastecer de medicinas a los buques.

miércoles, 18 de enero de 2012

Lord Lilford, entre aves y reptiles

Thomas Littleton Powys
Lord Lilford
1833-1896

Su pasión por los animales siempre tuvo algo de excéntrico. Además de la pequeña reserva salvaje que creó en Harrow, cuentan que su aviario incluía una pareja de quebrantahuesos domesticados. Pero Lord Lilford fue también un gran viajero. Un zoólogo, fundador de la British Ornithologists Union, que llegó a Baleares en 1865. Aquí no sólo repasó la avifauna del archipiélago sino que descubriría una lagartija endémica que sería bautizada con su nombre.

Su título nobiliario fue lo primero que heredó. Hijo primogénito de Thomas Atherton Powys, se convertiría en el cuarto barón de Lilford. Había nacido en Londres en 1833 como Thomas Littleton Powys, en el seno de una familia de la aristocracia. Allí, en Inglaterra, transcurrió su primera formación hasta realizar, en 1850, una estancia de un año en Lausana (Suiza).

Con el regreso a su país llegaría, en 1851, su ingreso en la Universidad de Oxford, institución que abandonaría sin haber conseguido título alguno. Por entonces, Lord Lilford comenzaba a hacer oficial su interés por la zoología. En 1852 sería elegido como miembro de la Zoological Society. Pero sería un año
después, con su primera expedición por Europa, cuando se confirmaría su orientación hacia la ornitología.

Durante un viaje por Sicilia, Gales e Irlanda conoció a Edward Clough Newcome, el cetrero más importante de la época, con quien descubriría aquella nueva disciplina. Aquella primera experiencia sería el inicio de sus investigaciones por todo el mundo. Mientras, en 1858, se convertía en uno de los ocho socios fundadores de la British Ornithologists Union. En 1867 alcanzaría el cargo de presidente, puesto que ocuparía hasta su muerte.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Santiago Rubió i Tudurí, el padre del metro catalán

Santiago Rubió
1892-1980

Santiago Rubió fue oyente en el metro de Barcelona antes de ejercer como ingeniero. Dos años después de los debates para la creación de la primera línea entre la Estación de Francia y Bonanova, se convirtió en director de la empresa que dirigía su construcción. El menorquín ya tenía experiencia en los funiculares, y los transportes acabarían por ser el objetivo de su avanzada ingeniería.

Santiago heredó la vocación profesional de su padre, el ingeniero militar Mariano Rubió. Nació en Mahón en 1892 y se licenció en Ingeniería Industrial en 1915 en Barcelona. Allí se había trasladado su familia después de que el patriarca fuera contratado para la urbanización y construcción de El Tibidabo. Sólo un año después de convertirse en licenciado, el menorquín afrontó su primer proyecto: un funicular entre el monasterio de Montserrat y la ermita de Sant Joan. Sería su inicio en la ingeniería de transportes, en la que continuaría en 1919 con las primeras reuniones que se celebraban en la Ciudad Condal para la construcción del metro. Allí estaban, incluido su padre, los grandes maestros del momento.

La Barcelona de principios de siglo se había transformado en un caos. Los primeros coches coincidían con los primeros autobuses, el ferrocarril, los carros de caballo y los más de 700 tranvías que cruzaban las calles. Los transportes de superficie no daban abasto en una ciudad que, entre 1900 y 1930, ya sobrepasaba el millón de habitantes. No quedó más remedio que recurrir a los túneles. El proyecto del suburbano se comenzó a gestar en 1908, pero tardaría casi dos décadas en hacerse realidad. 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Mateu Orfila, el primer forense mahonés en el CSI del XVIII

Mateu Orfila
1787-1853

Comprar aspirinas hoy es tan fácil como lo era conseguir arsénico en el siglo XVIII. Se utilizaba en medicamentos de farmacia y veterinaria, en raticidas, en la fabricación de pinturas, en la agricultura... Era una sustancia tan accesible que durante un siglo fue la reina de los envenenamientos. La situación se disparó hasta tal punto que provocó la aparición de los primeros forenses y peritos judiciales. Un CSI primario en el que el papel de Gil Grissom lo encarnaba el menorquín Mateu Orfila.

Nació en Mahón en 1787 en una familia de origen campesino. Su padre quería que fuera marino pero, después de un intento frustrado, Mateu decidió optar por la ciencia. Estudió Medicina en Valencia mientras que aprendía química a través de las obras de autores franceses y de los experimentos que él mismo realizaba. Después pasó a Barcelona y a Madrid, pero España se le quedó corta y decidió dar el salto al país vecino. 

Dicen que llegó a París con cincuenta céntimos en el bolsillo, pero pasó a convertirse en uno de los personajes fundamentales de la época. Su prestigio le convirtió en médico de cámara de Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe I, además de presidente de la Academia Nacional de Medicina de Francia.

La historia de una isla ‘a medida’ que Armstrong nunca contó

En el siglo XVIII Menorca era una isla con muchos pretendientes. Las continuas conquistas y reconquistas la convirtieron en una especie de estrella mediática que acaparaba las páginas de los primeros diarios. Los sucesivos países que pasaron por allí cartografiaron el terreno dibujándolo a su medida. En 1752 The History of the island of Minorca, de John Armstrong, se publicaba conteniendo el mejor mapa visto hasta el momento. Pero ni era suyo ni era el primero.

Encartado entre sus páginas y sin referencia alguna aparecía aquel mapa: el supuesto primer intento científico de cartografiar Menorca que todos atribuyeron a Armstrong. «Las posteriores ediciones de la obra llegaron a citar textualmente su autoría. No era de extrañar, porque aquel ingeniero inglés era además muy buen dibujante», afirma el catedrático de Geografía Humana, Tomás Vidal Bendito. Fue él quien en sus investigaciones de 2001 descubrió el fraude que había perseguido a la Isla durante siglos.

El autor era efectivamente un ingeniero inglés llamado John, pero no Armstrong, sino Hargrave que en 1733 –20 años antes de la aparición del libro– había seguido las órdenes de la administración británica de levantar una cartografía de la Isla. 


sábado, 29 de octubre de 2011

Josep M. Jansà, el nuevo hombre del tiempo

Josep M. Jansà
1901-1994

Nubes de evolución, chubascos intermitentes, borrascas y anticiclones. Lo que hoy es lenguaje informativo habitual fue antes conjuro de brujería. Cuando mirar al cielo era descifrar un mensaje encriptado, los mapas de isobaras manuales no podían ir más que un día por delante. Si Josep Maria Jansà fue un pionero de la meteorología balear no es de extrañar que le llamaran 'El Profeta del Mediterráneo'.

Nació en Reus, pero un traslado profesional de su padre –catedrático de Matemáticas y responsable de meterle el gusanillo de la meteorología en el cuerpo– le llevó hasta Menorca en 1913. Allí continuó sus estudios de Bachillerato y se licenció en Físicas –a distancia– en la Universidad de Barcelona. Lo de meteorólogo vino después, con una formación prácticamente autodidacta.

"La meteorología a nivel estatal comenzó a organizarse a partir de 1860 con una red de observatorios, dos de los primeros en Palma y Mahón, pero sus responsables eran sólo aficionados", explica el director del Centro Meteorológico de Baleares e hijo de nuestro protagonista, Agustín Jansà. En 1929 su padre formó parte de la primera generación de meteorólogos profesionales, él destinado al observatorio de la Base Naval de Mahón.


Antoni Roca i Flaquer, el doctor de las epidemias

Antoni Roca i Flaquer
1825-1900

Antoni Roca i Flaquer fue un superhéroe en los tiempos en que las miasmas centraban la atención sanitaria. Una especie de cazafantasmas clínico contra todos aquellos efluvios malignos que, como se creía, desprendían los cuerpos enfermos y las materias corruptas. Un mal invisible llamado epidemia contra el que él luchó, sin apenas medios, a capa y espada.

Nacido en Mahón en 1825, Antoni Roca i Flaquer puso el punto y seguido a la saga de empresarios de la navegación que predominaba en su familia. Con él se inició de prestigiosos médicos. Después de cursar la enseñanza básica en Ciutadella, se trasladó a la Universidad de Barcelona para estudiar Física experimental y Química. 

En 1843 comenzó sus estudios en Medicina por los que obtuvo el grado de Bachiller en Medicina y Cirugía y, dos años después, el título de licenciado. Sería en ese mismo año cuando leyó una memoria: "Com obra el cloroform en l'economia humana, i en quines circumstàncies està indicat o deixat d'estar-ho?", su primer texto científico.


Hernández Morejón y el modélico Isla del Rey

Antonio Hdez. Morejón
1773-1836

Su llegada a Menorca fue un reconocimiento a su carrera. El éxito en la detención de una epidemia con la creación de un lazareto en la valenciana Serra de la Solana y el brote declarado en Mahón le llevaron a ser nombrado médico del hospital militar de la Isla del Rey. El mismo centro que luego se transformaría en el frente de las críticas más duras de su topografía médica. Un volumen que Hernández Morejón propondría, con todo lujo de detalles, la creación de un nuevo hospital.

La suspensión de la enseñanza de la Medicina en las universidades en 1799 truncó su carrera docente. Antonio Hernández Morejón, nacido en Alaejos (Valladolid) en 1773, había sido nombrado catedrático sustituto antes incluso de acabar la carrera de Medicina en la Universidad de Valencia. Aquel revés le convirtió en médico rural por distintas comarcas valencianas.

Fue con aquella nueva faceta con la que conseguiría un ascenso. Destinado en Onil, tuvo que hacerse cargo de una epidemia en la zona. Una situación que el médico resolvió con la organización de un lazareto en la Sierra de la Solana. El éxito conseguido y la declaración de un nuevo brote en Mahón llevaron al Tribunal del Protomedicato a destinarle al hospital militar de la Isla del Rey.

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