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viernes, 28 de septiembre de 2012

Francesc Barceló i Combis, el retratista del zoológico

Francesc Barceló i Combis
1820-1889

Del cielo al mar y de la tierra, al río. No quedó medio alguno que Francesc Barceló i Combis no inventariara con su pluma de teórico de la zoología. Había desterrado la idea de ejercer la medicina por la docencia de las ciencias naturales. Y por su enciclopedia de las Baleares pasaron pájaros, reptiles y moluscos.

Desde su Peratallada natal –en el Baix Empordà catalán– Barceló i Combis soñaba con ser médico. Por eso se licenció en Cirugía y Medicina en Barcelona, pero luego llegaron la Física, la Química y la Botánica. Su camino se alejaba del quirófano y se acercaba a las aulas. Mallorca y el Institut Balear –una institución fundamental en la enseñanza de la isla en el siglo XIX– terminaron de marcar su rumbo.

En 1847 obtenía la plaza de catedrático interino de Física y Química del Instituto Balear y se trasladaba a Palma. Cinco años después la adquiría en propiedad y comenzaba su andadura como maestro en Mallorca. Más tarde se convertiría también en catedrático de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Mateu Orfila, el primer forense mahonés en el CSI del XVIII

Mateu Orfila
1787-1853

Comprar aspirinas hoy es tan fácil como lo era conseguir arsénico en el siglo XVIII. Se utilizaba en medicamentos de farmacia y veterinaria, en raticidas, en la fabricación de pinturas, en la agricultura... Era una sustancia tan accesible que durante un siglo fue la reina de los envenenamientos. La situación se disparó hasta tal punto que provocó la aparición de los primeros forenses y peritos judiciales. Un CSI primario en el que el papel de Gil Grissom lo encarnaba el menorquín Mateu Orfila.

Nació en Mahón en 1787 en una familia de origen campesino. Su padre quería que fuera marino pero, después de un intento frustrado, Mateu decidió optar por la ciencia. Estudió Medicina en Valencia mientras que aprendía química a través de las obras de autores franceses y de los experimentos que él mismo realizaba. Después pasó a Barcelona y a Madrid, pero España se le quedó corta y decidió dar el salto al país vecino. 

Dicen que llegó a París con cincuenta céntimos en el bolsillo, pero pasó a convertirse en uno de los personajes fundamentales de la época. Su prestigio le convirtió en médico de cámara de Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe I, además de presidente de la Academia Nacional de Medicina de Francia.

jueves, 26 de mayo de 2011

Jaume Ferrer Hernández: el químico del queso y el mar

Jaume Ferrer Hernández
1883-1921

Junto al color de los ojos y el carácter, Jaume Ferrer heredó de su padre un cromosoma más: el de la pasión por la ciencia. Una vocación que Ferrer Aledo orientó a la oceanografía mientras que su hijo, versionando a Calderón de la Barca, enarboló el lema de «que toda la vida es laboratorio». Su obsesión por la química le llevó desde las profundidades del Mediterráneo hasta el interior de un queso mahonés.

Matraces, microscopios y cuentagotas formaban el hábitat natural de Jaume Ferrer. Nacido en Mahón en 1883, su relevancia como investigador comenzó ya en la universidad de Barcelona donde Odón de Buen –pionero en la oceanografía española– era catedrático de Historia Natural. Aún como alumno, Ferrer fue nombrado jefe de prácticas de Mineralogía y Botánica. 

Su trayectoria universitaria sería una evolución constante: catedrático de Química Orgánica de la Universidad de Sevilla, doctor en Ciencias Fisicoquímicas y licenciado en Farmacia. En 1913, pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios, se formó en síntesis orgánica junto al profesor Sabatier.


Ignasi Ribas Marqués: el químico exiliado

Ignasi Ribas Marqués
1901-1996

Había sido el discípulo destacado de Antonio Madinaveitia, tenía un currículum ejemplar y ya era bautizado por muchos como el mejor continuador de la escuela moderna de química orgánica, pero no fue suficiente. La dictadura franquista y su represión demostraron a Ignasi Ribas que contra los amigos del régimen nada podían hacer los méritos. Apartado de la primera línea de investigación, se encargó de probar que su ciencia no tenía nada que ver con la política.

Nació en Palma en abril de 1901, ciudad en la que estudiaría el bachillerato antes de dar el salto fuera de la Isla. Valencia y su universidad le permitieron licenciarse en ciencias químicas –una vocación que tenía más que asumida–, pero fue en la Universidad Complutense de Madrid donde se inició en la investigación. Allí se convirtió en destacado discípulo de Antonio Madinaveitia. «Él fue quien me enseñó la técnica de laboratorio necesaria para hacer química», explicó el propio Ribas.

Bajo la dirección de Madinaveitia, el mallorquín obtuvo en 1928 el grado de doctor con la tesis Estudio de los ácidos succinicos bisustituidos, el mismo año en que obtuvo la cátedra de Química Orgánica de la Universidad de Salamanca. París y el Instituto Pasteur fueron luego su nuevo objetivo con Ernest Fourneau como maestro.


sábado, 12 de febrero de 2011

'Tractat del salitre': el único libro de texto que pasó a la Historia de la Química

Con la escolarización generalizada a años luz, las lecturas obligatorias no eran problema para los alumnos en pleno siglo XVII. Sin mochilas con sobrepeso ni beneficios editoriales comenzaban a aparecer, aunque resulte sorprendente, los primeros libros de texto. Entre los que se conservan destaca El tractat del salitre, el primer tratado de química moderna.

Los chinos inventaron la pólvora ya en el siglo IX pero su aplicación fue únicamente para cohetes y fuegos artificiales. Su auge llegó con los árabes que la introdujeron en Europa en la Edad Media; y en el siglo XVII su vinculación a las armas de fuego ya era total: «En aquella época el poder político se conseguía a través de las armas y la Ciencia se dedicó al arte de la guerra», afirma Joan Antoni Mesquida, director del Departamento de Filología Catalana y autor de El Tractat del salitre. Estudi històric i lingüístic d’un text químic del segle XVII.

La enseñanza de la artillería comenzó a desarrollarse en el siglo XVI. Se presume que la Escuela de Artillería de Burgos fue la primera en España pero, aunque se desconoce la fecha exacta de su fundación, muchos artículos afirman que la de Mallorca ya funcionaba en 1529. 


viernes, 11 de febrero de 2011

Josep Sureda i Blanes: un discípulo de Nobel

Josep Sureda Blanes
1890-1984

Hay quien dice que la burocracia acabó con la faceta investigadora de Josep Sureda Blanes. Él, hombre polifacético –«un Leonardo al que sólo le faltó dibujar», como apunta Ángel Terrón–, se vio superado por aquel sistema de oposiciones que hacía imposible su acceso a una cátedra. Con la universidad se le cerraban las puertas a una vida como investigador que, aunque costosa, se le antojaba apasionante. La química industrial fue entonces su vía de escape.

Nació en 1890 en Artà pero su padre, farmacéutico, había abierto botica en Palma y toda la familia se trasladó a la capital mallorquina cuando Josep Sureda apenas tenía dos años. Como dictaba la norma no escrita de la buena tradición familiar, casi dos décadas después, también él acabó por licenciarse en Farmacia en Barcelona. Después, se trasladó a Madrid para estudiar el Doctorado; pero para entonces, la profesión heredada ya no le convencía.

«Teníamos veinte años, Madrid tenía veinte años, España tenía veinte años y todo estaba en su sitio», parecía gritar Madrid con palabras que luego escribió Almudena Grandes. La ciudad que se abría ante sus ojos estaba llena de posibilidades. Sureda Blanes formaría parte de la primera promoción de la Residencia de Estudiantes antes de convertirse «en nido de artistas y hombres de ciencia», como explicaría después. «Pese a la escasez de medios, se presentía ya que desde allí se iba a hacer una gran obra», añadía.


Margarita Comas: La ciencia, ese juego de niños

Margarita Comas
1892-1973

Cuando Margarita Comas llegó a la pedagogía encontró un sistema arcaico y machista en el que la enseñanza de la ciencia estaba restringida a los varones mientras que las niñas eran educadas en sus 'labores propias'. Su obra fue una de las renovadoras del magisterio español.

Su vocación pedagógica era innegable, pero había algo más: «La inmensa mayoría de mujeres que en esta época se dedicaron a la ciencia lo hicieron desde la didáctica porque era algo más aceptado socialmente», afirma la Doctora en Pedagogía y profesora de Historia de la Educación de la UIB, Francesca Comas. Durante su etapa en Madrid la menorquina realizó prácticas de química, zoología y mineralogía. 

Pero su doctorado en la Sorbona de París - que la convirtió en una de las primeras mujeres españolas Doctora en Ciencias - fue uno de los pocos estudios científicos que le permitieron desarrollar. Su investigación trataba una de las cuestiones más debatidas en el momento: la determinación biológica del sexo en las especies según las condiciones ambientales. Por ejemplo, la incidencia de la temperatura en la proporción de machos y hembras en la población de la Rana temporaria.


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