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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Odón de Buen, el idealista que hizo del Mediterráneo su laboratorio

Odón de Buen
1863-1945

En Zuera –a 25 kilómetros de Zaragoza– no hay mar. Las únicas playas que Odón de Buen pudo ver en su pueblo natal eran las fluviales a orillas del Gállego. Quizá conoció las profundidades oceánicas con los libros de Julio Verne y entonces decidió dedicar la vida a su estudio. "Mis innovaciones científicas me produjeron graves disgustos, desataron contra mí todo género de asechanzas", diría al final de su carrera. En el camino quedaba la introducción de la oceanografía en España con Mallorca como principal referente.

Con la carrera recién acabada, Odón de Buen se embarcó a bordo de la fragata Blanca en una expedición científica que pretendía emular a las del siglo XVIII. Era un naturalista comisionado por el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, pero allí descubrió su verdadera vocación. Su dedicación a las Ciencias Naturales se orientó hacia la oceanografía. Pocos años después convertía su cátedra en la Universidad de Barcelona en una auténtica aula experimental.

Su viaje al laboratorio de Banyuls de la Marenda en 1893 fue uno de los momentos clave de su carrera. Su director, Henry Lacaze Duthiers (ver entrada), supuso la concreción de sus proyectos. "Fue su pilar y maestro, quien le mostró las particularidades del Mediterráneo y la idoneidad de las Baleares para crear un centro oceanográfico que permitiera su estudio", explica el actual director del laboratorio oceanográfico balear, Enric Massutí. Por aquel entonces sólo Santander contaba con uno de estos centros.


sábado, 27 de agosto de 2011

Ramon Margalef, el primer ecologista marino

Ramon Margalef
1919-2004

Los seis años que el ejército arrebató a la vida de Ramon Margalef acabaron en Mallorca en 1943. Fue aquí donde el científico se inició en el estudio de los organismos acuáticos con el que, años después, se convertiría en un referente mundial. Una faceta que pasó del análisis empírico y directo a un nivel superior de la biología y que sentó las bases de una nueva ciencia: la ecología. 

Su vocación comenzó como una afición en el huerto de aquella casa barcelonesa en la que nació en 1919. Descubrió el mundo de los insectos, aprendió a clasificar mariposas y se enroló en el Centre Excursionista de Catalunya donde aprendió la relación de determinadas especies con su entorno.

La Guerra Civil lo truncó todo. Tenía sólo 19 años cuando fue llamado a filas. Ramon Margalef redactó comunicados y crónicas con una vieja máquina de escribir y participó en la Batalla del Ebro antes de creer que terminaba su tiempo en el ejército. No sería así. Con el bando nacional victorioso, volvió a ser reclutado en la unidad de artillería. Franco preparaba la intervención de España en la Segunda Guerra Mundial del lado de Alemania e Italia. Pero nunca se haría realidad.


miércoles, 29 de junio de 2011

Javier Benedí: un biólogo en la incubadora

Javier Benedí
1957-2002

A finales de los años 80 España era un páramo desierto en la investigación de infecciones en los recién nacidos. Nada se sabía, ni siquiera, del Streptococcus agalacticae, una bacteria capaz de provocar la muerte del bebé en 48 horas. Fue Javier V. Benedí quien, a través de sus trabajos en Son Dureta, extendió esta vertiente de la microbiología desde la que lograría la creación del IUNICS.

Se trasladó a Mallorca a finales de los 80 porque su mujer, también bióloga, era mallorquina. Pero Javier V. Benedí había nacido en Zaragoza en 1957. Su determinación de estudiar Biología le llevaría después hasta la Universidad de Barcelona donde acabaría por especializarse y doctorarse en Microbiología tras un año de estancia en el Instituto Pasteur de París.

Su obsesión inicial fue la Klebsiella: una bacteria causante de la neumonía en adultos a la que dedicó, incluso, su tesis doctoral. Dos años de estancia en el Channing Laboratory de la Universidad de Harvard virarían su punto de mira a las infecciones de los neonatos. El centro era pionero en el estudio del Streptococcus agalacticae: un microorganismo que se había convertido en la causa más frecuente de infección en los recién nacidos.


domingo, 29 de mayo de 2011

Emil Racovitza: el viaje a la cueva del dragón ciego

Emil Racovitza
1868-1947

Desde que el hombre salió de las cavernas las leyendas consiguieron convertir esos espacios en morada de gigantes y monstruos. El solo nombre de las cuevas del Drach amenazaba con descubrir en su interior un horrible dragón de dos cabezas. Sin embargo, el primer animal que se encontró fue un pequeño crustáceo ciego y transparente. Una fiera insignificante descubierta por Emil Racovitza que dio origen a la bioespeleología moderna.

Convertidas en lugar de obligada peregrinación turística, las cuevas del Drach ya se visitaban desde el siglo XIX. Sin embargo ningún científico había entrado en sus cavidades para investigar más allá de las estalactitas con forma de palmera. Nadie desafió el misterio de las cavernas hasta que llegó Emil Racovitza.

«En aquella época los laboratorios oceanográficos de Europa estaban en contacto. El de Baleares invitó a Racovitza a hacer una visita a Mallorca en julio de 1904», explica el profesor asociado de Ciencias de la Tierra de la UIB y colaborador del Museo Balear de Ciencias Naturales, Ángel Ginés. Fue el propio Odón de Buen (ver entrada) –responsable del laboratorio balear– quien llevó a Racovitza a las Cuevas del Drach en una de sus excursiones. La trayectoria del científico rumano era ya abrumadora: doctorado en Ciencias en París había participado en la expedición oceanográfica Bélgica al Antártico.


viernes, 11 de febrero de 2011

Margarita Comas: La ciencia, ese juego de niños

Margarita Comas
1892-1973

Cuando Margarita Comas llegó a la pedagogía encontró un sistema arcaico y machista en el que la enseñanza de la ciencia estaba restringida a los varones mientras que las niñas eran educadas en sus 'labores propias'. Su obra fue una de las renovadoras del magisterio español.

Su vocación pedagógica era innegable, pero había algo más: «La inmensa mayoría de mujeres que en esta época se dedicaron a la ciencia lo hicieron desde la didáctica porque era algo más aceptado socialmente», afirma la Doctora en Pedagogía y profesora de Historia de la Educación de la UIB, Francesca Comas. Durante su etapa en Madrid la menorquina realizó prácticas de química, zoología y mineralogía. 

Pero su doctorado en la Sorbona de París - que la convirtió en una de las primeras mujeres españolas Doctora en Ciencias - fue uno de los pocos estudios científicos que le permitieron desarrollar. Su investigación trataba una de las cuestiones más debatidas en el momento: la determinación biológica del sexo en las especies según las condiciones ambientales. Por ejemplo, la incidencia de la temperatura en la proporción de machos y hembras en la población de la Rana temporaria.


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