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domingo, 6 de octubre de 2013

Jovellanos, el naturalista


Gaspar Melchor de Jovellanos
1744-1811

"Privado de papel, pluma, lápiz, tintero u otra cosa con que pudiera escribir". Así tenía que transcurrir el encierro de Gaspar Melchor de Jovellanos en el castillo de Bellver. Pero lo cierto es que los seis años que pasó en la fortaleza fructificaron en varias obras. Entre ellas, una minuciosa descripción de la zona que incluía animales y plantas. Una faceta naturalista que ya en la Cartuja de Valldemosa le había llevado a escribir una flora medicinal hoy perdida.

Nació en Gijón en enero de 1744. Un ilustrado de ideas renovadoras que se instaló en Madrid a finales de la década de los 70. La reforma educativa, la desamortización de tierras y la nueva ley agraria fueron algunos de sus frentes. Pero el estallido de la Revolución francesa en 1789, el miedo español al contagio y la llegada al trono de Carlos IV, acabaron por apartar de la vida pública a los pensadores más avanzados. Entre ellos, Jovellanos.

Consiguió ser ministro de Gracia y Justicia nombrado por Godoy en 1797, pero apenas se mantuvo un año en el cargo. Las intrigas de la Corte, los enemigos políticos y otras tantas acusaciones conllevaron no sólo su destitución, sino también su detención. En marzo de 1801 era un prisionero del Estado obligado a trasladarse a Mallorca.

En abril llegaba a la Cartuja de Valldemossa. Las órdenes eran impedirle cualquier comunicación con el exterior. Y allí, recluido en su celda, Jovellanos acabó por caer enfermo. Los cartujos se encargaron entonces de atenderle. El prior, incluso, pidió a la Corte que le rebajaran el castigo. Y, sin esperar respuesta, proporcionó al prisionero libros y papel para escribir además de permitirle paseos por los alrededores.

El anónimo Hermano Bianor

Hermano Bianor
1859-1920

Tardó años en salir del anonimato científico. No sólo porque no buscara la fama, sino porque la cantidad de autores que le habían precedido le hacían pensar que no podría aportar nada nuevo. No en vano, el Hermano Bianor entendía la botánica como parte de su apostolado. Sin embargo, sus recolecciones y herbarios supusieron mucho más de lo que nunca imaginó.

Llegó a Mallorca buscando refugio. Era 1904 y la persecución religiosa de la Ley Combes le obligó a abandonar su Francia natal. Allí había sentido la llamada de Dios y, después de acabar su formación religiosa, inició su carrera como docente. Impartió clases en Versalles e incluso en Argelia. Ya en la Isla, fundó el colegio de Santa Maria en Sóller y se incorporó a La Salle en las escuelas de Palma y Pont d’Inca.

Para entonces Marie Emile Fricquegnon ya era conocido sencillamente como el Hermano Bianor. Sus primeros días en la Serra sirvieron para reavivar su interés por el estudio de las plantas. Paseaba armado de un azadón, un saco negro y carpetas para herborizar. Para el religioso, su dedicación a la botánica tenía un significado mayor. Era parte de su apostolado. La grandeza de Dios se plasmaba en la riqueza vegetal que le rodeaba.

jueves, 3 de octubre de 2013

Buenaventura Serra, el aprendiz de enciclopedista

Buenaventura Serra
1728-1784

Buenaventura Serra vivió en una permanente contradicción. Su interés por la renovación científica del despotismo ilustrado se enfrentaba al miedo a unas ideas políticas que se oponían a su estamento privilegiado. Buscó ser un enciclopedista, pero se pareció más a un sabio tardío del Renacimiento que abarcó muchas materias sin llegar a profundizar en ninguna. Se fio más de la medicina medieval y fue escéptico con las ciencias más teóricas. Sólo la botánica pareció satisfacer su búsqueda de aplicación práctica.

Nació en Palma en 1728 en el seno de una familia que había servido a la monarquía desde las Germanies. Se doctoró en Derecho y comenzó a ejercer como catedrático en la Universidad desde 1752. Sin embargo, sería su puesto como cronista general del Ayuntamiento, a partir de 1759, el que le garantizaría un status privilegiado.

La Historia ha situado a Buenaventura Serra como uno de los hombres más cultos del XVIII mallorquín. Tenía conocimientos de botánica, de medicina y de arqueología, pero nunca tuvo ideas propias. Fue un compilador de teorías al estilo de un hombre del Renacimiento. Podría haber sido un enciclopedista como Diderot y D’Alembert, pero su nivel no alcanzaba. «La enciclopedia fue una forma de divulgación del conocimiento. Fue una obra escrita de manera colectiva por muchos especialistas. Pero Serra no era un especialista, sino un humanista que estudiaba las materias sin profundizar», aseguran los historiadores Antoni Picazo y Jesús García Martín

sábado, 6 de octubre de 2012

Lucie Chodat, la dama de las garrigas

Lucie Chodat

Su condición de fémina le reservó un lugar en la Historia por ser una de las únicas mujeres botánicas que estudiaron el archipiélago. Pero la ciencia ha dibujado la tesis de Lucie Chodat como un trabajo superficial, lleno de errores y con una gran falta de perspectiva. Tuvo más de pionera que de rigurosa. En su polémica con Knoche (ver entrada), el tiempo sólo le dio la razón en algunos aspectos.

Pocos datos se conocen sobre la biografía de Lucie Chodat. Nació en 1896 en Suiza, hija del célebre botánico 
Robert H. Chodat. Rector y profesor de la misma Universidad de Ginebra en la que ella se licenciaría en Botánica. En las primeras décadas del nuevo siglo quedaría patente su interés por aquella rama científica mientras acompañaba a su padre en los viajes de expedición que realizaba con sus alumnos.

Visitó dos veces España y tres el archipiélago balear. Pero sería en 1920, tras las observaciones de su última estancia en las Islas, cuando comenzaría a fraguar su tesis doctoral. Para entonces, su padre ya había publicado Una excursión botánica a Mallorca (1905) y sus consejos se convertirían en un pilar fundamental para el trabajo de Lucie.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Francesc Barceló i Combis, el retratista del zoológico

Francesc Barceló i Combis
1820-1889

Del cielo al mar y de la tierra, al río. No quedó medio alguno que Francesc Barceló i Combis no inventariara con su pluma de teórico de la zoología. Había desterrado la idea de ejercer la medicina por la docencia de las ciencias naturales. Y por su enciclopedia de las Baleares pasaron pájaros, reptiles y moluscos.

Desde su Peratallada natal –en el Baix Empordà catalán– Barceló i Combis soñaba con ser médico. Por eso se licenció en Cirugía y Medicina en Barcelona, pero luego llegaron la Física, la Química y la Botánica. Su camino se alejaba del quirófano y se acercaba a las aulas. Mallorca y el Institut Balear –una institución fundamental en la enseñanza de la isla en el siglo XIX– terminaron de marcar su rumbo.

En 1847 obtenía la plaza de catedrático interino de Física y Química del Instituto Balear y se trasladaba a Palma. Cinco años después la adquiría en propiedad y comenzaba su andadura como maestro en Mallorca. Más tarde se convertiría también en catedrático de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza.

domingo, 20 de mayo de 2012

Enric Gros, un espía entre la flora

Enric Gros
1864-1949

Cuando murió llevaba catorce años instalado en Mallorca y era, según dicen, «más pobre que una rata». Su nombre no aparecería entre las grandes personalidades científicas del siglo XX, pero Enric Gros había sido uno de los hombres fundamentales para el desarrollo de la botánica. Sobre una mula había recorrido España como un espía en busca de especies vegetales. Baleares acabaría por ser su refugio definitivo.

Nació en Franciac de la Selva (Girona) en 1864, en una familia de pastores. Probó diferentes oficios, desde leñador a segador pasando por carbonero del bosque, y a los 20 años aprendió a leer y escribir. Tal vez fue entonces cuando Enric Gros decidió emprender el gran viaje de su vida. Cuba parecía un destino atractivo además de un lugar en el que encontrar un empleo mejor. El Hospital de las Ánimas de La Habana le incorporó pronto a su equipo. Primero, como jardinero y después como voluntario para los primeros experimentos sobre la vacunación contra la fiebre amarilla. Las pruebas comenzaban con la picadura de mosquitos infectados. El catalán fue uno de los pocos que logró sobrevivir.

De regreso a Barcelona, Gros conoció a uno de los personajes más destacados en la ciencia del momento: el naturalista y oceanógrafo Odón de Buen (ver entrada). Lo que el aragonés vio en él es casi un misterio, pero no dudó en contratarle como ayudante de prácticas para su laboratorio en la universidad de la Ciudad Condal. Al fundar en 1906 el Laboratorio biológico-marino de Porto Pi, le trasladaría a Palma. Seis años después, pasaría como mozo de laboratorio al centro de Málaga.

domingo, 22 de enero de 2012

Knoche, un botánico controvertido

Herman Knoche
1870-1945

Apenas había llegado a Europa cuando Flahault, profesor de la Universidad de Montpellier, la sugirió una expedición a Baleares para preparar un estudio sobre fitogeografía. Atrás había quedado la época de los botánicos pioneros. Herman Knoche entraba a formar parte de la nómina de compiladores de la flora en el siglo XIX. Pero el mismo ensayo con el que se doctoró en botánica se convertiría en el centro de las críticas, incluso las de quienes le habían ayudado.

Nació en San José (California) en 1870, hijo de dos emigrantes alemanes que habían llegado a Estados Unidos después de la fiebre del oro. Al parecer, desde un principio E.L. Herman Knoche tuvo clara su orientación a la botánica, la misma que le llevaría a la universidad de Stanford donde se graduaría en 1899. El nuevo continente se convirtió también en el primer objetivo de sus campañas de herborización. Pero pronto pensó en dar el salto a Europa.

El nuevo siglo pilló al estadounidense en Francia, donde ampliaba su formación en la universidad de Montpellier. Pasaría poco tiempo hasta que el profesor Charles Flahault le animara a emprender un gran proyecto: el estudio de la fitogeografía de Baleares. Aquella disciplina iba más allá de la botánica ya que suponía la investigación del origen y distribución de las plantas en función de su localización geográfica.

Andrés Hernández, el farmacéutico de la Armada


Andrés Hernández
1744-1817

Su farmacia era reconocida en todo Mahón. Sus fondos de tinturas, ungüentos y jarabes la convirtieron en proveedora del resto de oficinas de la ciudad. Una fama a la que Andrés Hernández sumaba su pertenencia al Colegio de Boticarios de Madrid así como el cargo de corresponsal del Real Jardín Botánico. Dos bazas que utilizó en una competición en la que se enfrascó por abastecer de medicinas al hospital naval.

Nació en Mahón en 1744 y allí pasó toda su vida. Estudió gramática latina y Farmacia, rama sobre la que construiría su trayectoria profesional. Sus dotes le convirtieron en docente en la materia y en socio del Colegio de Boticarios de Madrid en 1784. Apenas cinco años antes de que la capital menorquina le nombrara examinador apotecario.

Había instalado farmacia en Mahón y su oficina, repleta de bálsamos, emplastos y jarabes, podía presumir de abastecer al resto de boticas de la ciudad. Él era un rico hacendado que gozaba de tanto prestigio como su tienda, pero para entonces ya se había enfrascado en una guerra farmacéutica. El Tratado de Versalles de 1783 había devuelto Menorca a la Corona española y, con ella, los barcos de su flota al puerto mahonés. Un retorno que inició una competición por abastecer de medicinas a los buques.

jueves, 13 de octubre de 2011

J.J. Rodríguez Femenías, el 'broker' del alga menorquina

J.J. Rodríguez Femenías
1835-1905

Qué movió a Joan J. Rodríguez Femenias a fijar su atención en los fondos marinos sigue siendo casi un misterio. Tal vez él, empresario terrestre, vio en las estepas abisales un oasis libre de explotación. O quizá se preguntara qué eran aquellas plantas viscosas que le rascaban las piernas cuando nadaba en la playa. Una inversión de aficionado que brilló por encima de cualquiera de sus negocios.

Nació en Mahón hijo de un próspero comerciante pero no tuvo más estudios que la escuela primaria. Sin embargo, probablemente fue aquella procedencia la que le permitió iniciarse en el mundo de los negocios poco antes de hacer el que sería el descubrimiento de su vida: la botánica. "Fue con la visita a Menorca de Colombiers, un inspector de correos francés que llegó en la época de los ensayos telegráficos entre Mahón y Argel. Era un naturalista aficionado y contagió al menorquín", explica el historiador Josep Miquel Vidal.

Pronto la botánica fue un campo demasiado amplio y Rodríguez Femenias buscó refugio en la algología en la que se formó de manera autodidacta y con la correspondencia con una veintena de algólogos con Bornet y Grunow como maestros. En aquel momento era un campo de la ciencia prácticamente desconocido "y con muy pocos estudios en el Mediterráneo occidental" que hizo del menorquín un pionero y referente más allá de España. No fue hasta finales del siglo XIX cuando la algología experimentó un gran desarrollo en todo el país.


Jeroni Orell, el botánico de los helechos

Jeroni Orell
1924-1995

Tenía 43 años cuando decidió dedicarse en exclusiva a la botánica. Mediaba la década de los 60 y había conseguido ser uno de los pocos naturalistas que había sobrevivido al yermo científico que siguió a la Guerra Civil. Tal vez la dedicación de Jeroni Orell a la investigación teórica fuera menor, pero aún hoy continúa siendo uno de los padres del herbario y el Jardín Botánico de Sóller.

Nació allí en junio de 1924. En la vall de les taronges donde su formación quedó pronto vinculada a los hermanos de La Salle. Las excursiones escolares fueron su primer contacto con la naturaleza. La Carlina carymbosa, una especie de cardo amarillo, sería la primera planta que conocería. Luego, con su traslado a la escuela del Pont d'Inca, llegaría a sus manos el herbario del Hermano Bianor (ver entrada), un religioso y botánico francés que se había refugiado en Mallorca.

"Más que científico, el herbario tenía carácter divulgativo y servía para distinguir a las escuelas que lo poseían", explica el director del Jardín Botánico de Sóller, Josep Lluís Gradaille. Aquella colección vegetal marcaría el inicio de su orientación a la botánica. Pese al desierto científico en que quedaría convertida España tras la Guerra Civil, sería entonces cuando Orell aumentara su vinculación con la disciplina.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Francesc Bonafé: el fraile que halló la perfección en una margarita

Francesc Bonafé
1908-1994

Fue un día, ya cumplidos los cincuenta años, cuando al agacharse Francesc Bonafé descubrió la Bellis sylvestris (margarita silvestre), mágica por florecer en invierno y carecer de hojas en el tallo. En aquel instante, en apenas un segundo, vio en esa flor el reflejo "de la perfección de Dios", el resumen de la maravilla de la naturaleza.

Bonafé no era botánico, sino fraile. Durante casi treinta años vivió en el convento de Sóller donde, además de confesar y dar la comunión, era profesor de Lengua y Literatura. Hombre austero, poeta místico y devoto de Ramon Llull. Josep Lluís Gradaille, director del Jardín Botánico de Sóller, explica que su interés por las plantas surgió "de manera accidental, como nos ocurre a todos los botánicos". Cuando hacía sol, Bonafé trasladaba sus clases al campo. "Su acercamiento a la naturaleza surgió como imitación de Ramon Llull y ese contacto le llevó a la afición por las plantas", afirma Gradaille.

Después de aquella primera margarita silvestre comenzó a elaborar un pequeño herbario en el que recogía todas las plantas que iba encontrando. "Las secaba entre libros porque aún no había prensas y aprovechaba las horas de la comida en el colegio para pegar los pliegos con nuestra ayuda", explica Gradaille que fue alumno de Bonafé. Junto a Jeroni Orell (ver entrada) y Llorenç Garcías creó un pequeño círculo botánico que debatía e intercambiaba especies.

Una de las salidas de Bonafé. / JOAN FRONTERA
A medida que aquella afición crecía, sintió la necesidad de clasificar las plantas que desconocía. "No tenía formación así que utilizó obras de Knoche (ver entrada), Mayre y Combis (ver entrada) Pero pronto se dio cuenta de que la última obra que podía utilizar databa de 1879 y que existía un enorme vacío bibliográfico". 


sábado, 27 de agosto de 2011

Rafael Oleo Quadrado, el enciclopedista botánico


Rafael Oleo Quadrado
1806-1878

Dicen que si no se hubiera empeñado en rescatar del olvido la Historia de Menorca, Rafael Oleo Quadrado sería más conocido por su faceta botánica. La misma que le llevó a estudiar Farmacia y a instalar botica en su Ciutadella natal. Quizás así, los trece volúmenes –con grabados de flora y fauna– de sus Noticias histórico-topográficas habrían visto la luz. Hoy siguen como un manuscrito inédito.

Nació en 1806 en el seno de una familia burguesa de Ciutadella que procuró la mejor educación para sus hijos. Obtuvo un bachiller en Artes en 1828 y, poco después, se trasladó a la Universidad de Valencia para estudiar Botánica. Allí, Rafael Oleo alternó su formación con las prácticas en el Hospital Civil de la ciudad.

Circunstancias personales le obligaron a trasladarse luego a Barcelona, donde finalizó sus estudios en 1838 con la tesis De combustione, que escribió y leyó en latín. Sólo un año después regresó, para quedarse de manera definitiva, a Ciutadella.


miércoles, 29 de junio de 2011

Ximénez de Embún: el revolucionario forestal

Joaquín Ximénez de Embún
1913-1963

Ximénez de Embún era casi un recién licenciado cuando llegó a Baleares en 1941. Sus tres destinos anteriores –Valencia, Ciudad Real y Jaén– apenas hacían presagiar que aquel joven ingeniero de montes se convertiría en un revolucionario capaz de repoblar las dunas de Formentera y de proponer la creación del primer Parque Natural de las Islas.

La herencia familiar llevó a Joaquín Ximénez de Embún a estudiar ingeniería de montes. Hijo del que fuera presidente del Consejo Superior de Montes, nació en Zaragoza en 1913. Cuando llegó a Baleares en 1941 hacía sólo dos años que se había graduado como ingeniero. Pese a no ser su primer destino, pasaría nueve años en el archipiélago, el periodo más largo de su carrera.

El panorama de los bosques españoles durante la posguerra era un tanto ambiguo. Mientras la Administración Forestal cumplía casi un siglo, los recursos madereros de leña y carbón se transformaban en estratégicos en un periodo de gran escasez. «Los ingenieros forestales se convirtieron entonces en precursores del desarrollo sostenible. Fueron los encargados de gestionar el patrimonio y de velar por el aprovechamiento de las talas según criterios que garantizaran su regeneración», explica el ingeniero técnico forestal, Francisco Grimalt.


Pedro de Hordeñana: un 'Google Earth' forestal en el siglo XVIII

Pedro de Hordeñana

Sin saberlo, la Marina española fue la primera institución en preocuparse por la deforestación del país. No con un objetivo ecológico sino por la consideración de la madera como un bien estratégico. La necesidad de reconstruir su fuerza naval obligó al estudio de los recursos madereros disponibles. Un encargo que llevó a Pedro Antonio de Hordeñana a realizar el primer inventario de árboles de Mallorca, Ibiza y Formentera.

La posición estratégica de las Islas en las rutas marítimas supuso una importancia cada vez mayor de la construcción naval. Un sector que dependía de la amdera y que transformó el espacio forestal. El propio topónimo de Peguera hace referencia a la pega que se utilizaba para calafatear los barcos.

«La fabricación de barcos no fue la principal causa de deforestación. Los primeros que tenían interés en conservar esos bosques eran los constructores navales porque eran sus recursos. El peligro fue la ocupación por los cultivos y la población», asegura el jefe del Servicio de Gestión Forestal, Luis Berbiela. El aumento de la población acababa con las masas forestales por la necesidad de terrenos para la ganadería, los cultivos y las viviendas. La madera que resultaba de las continuas talas se destinaba también a la fabricación de muebles y al uso energético para los hornos de cal y para el calor doméstico.


sábado, 19 de marzo de 2011

Fernando Weyler Laviña: el atlas médico

Fernando Weyler Laviña
1808-1879

Habían pasado sólo unos meses desde que el Cuerpo de Sanidad Militar encargara la redacción de topografías médicas en sus territorios, cuando se suspendió la orden. Fernando Weyler Laviña no daba crédito. Era su segundo intento, tras uno frustrado, de elaborar un atlas científico de Baleares centrado en Mallorca. Sólo Menorca contaba con precedentes dignos de mención. El empeño pudo al levantamiento de la orden y en 1854 publicó, por fin, su estudio médico.

Cuando Fernando Weyler nació, en el Madrid de 1808, su padre –coronel– aún luchaba contra las tropas napoleónicas. Sería el mismo por el que la familia se trasladaría a Barcelona donde el madrileño pudo ingresar en el Colegio de Cirugía y formarse, además, en botánica. Tras licenciarse en 1829, se marchó a París para ampliar su formación en los grandes hospitales.

A su vuelta a España, Weyler inició su carrera médica. Primero fue destinado a Filipinas como cirujano del ejército. Al regresar, trabajó en Barcelona y Granada antes de llegar a Mallorca. Sólo la guerra de África de 1859 le obligó a marcharse de nuevo antes de instalarse definitivamente en Palma para ejercer en el Hospital Militar.

Sus primeras publicaciones habían desarrollado aquella faceta botánica que mantuvo paralela a su formación. Desde los Elementos de la botánica anatómica (1843) a la traducción de los estudios de Cambessèdes en Baleares que hoy aún permanece inédita.


sábado, 12 de febrero de 2011

Cristóbal Vilella: un delfín en el techo de Madrid

Cristóbal Vilella
1742-1803


¿Quién recordaría el esquema del aparato digestivo sin aquellos dibujos en los que salían a relucir toda la gama de rosas y marrones de la caja de pinturetas? ¿Quién creería en los cuatro estómagos de las vacas sin haberlos visto retratados en un libro de texto? En pleno siglo XVIII -y en los albores de la zoología y la anatomía- las ilustraciones de Cristóbal Vilella eran continuos descubrimientos, empeñado como estaba en llenar de peces los museos de Madrid.

Desde los dibujos amateurs del pequeño Cristóbal, la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid se veía como un castillo inalcanzable. Un trampolín capaz de convertir su afición en una profesión de futuro. Un objetivo que a los 18 años le llevó a cambiar a sus viejos maestros por los artistas de la capital. Tras sus aprobados en la copia de estampas y esculturas, el mallorquín se inició en el colorido de la mano de Antón Rafael Mengs

«En el siglo XVIII la Academia estaba ligada a la corte y los pintores compaginaban sus proyectos reales con la enseñanza. A la llegada de Vilella, Mengs realizaba unos frescos para la decoración del Palacio Real de Madrid, por lo que es posible que el mallorquín le auxiliara», explica la doctora en Historia de la biología, y conservadora de museos, Isabel Azcárate.


jueves, 10 de febrero de 2011

Heinrich M. Willkomm: el botánico en el exilio

Heinrich M. Willkomm
1821-1895


Procesado y juzgado por un delito de alta traición por su adhesión a la asociación estudiantil, Willkomm estaba a punto de tirar la toalla. Expulsado de la Universidad de Leipzig, planeaba exiliarse a un hospital de India. El botánico Kunze le hizo entonces un encargo: herborizar, entre otras zonas, la Península Ibérica. Una misión que guiaría desde entonces su carrera y que en 1873 le trajo a Baleares.

El interés de Heinrich Moritz Willkomm por la botánica fue más que prematuro. Nació en 1821 en Herwigsdorf (Alemania) y ya en el colegio su obsesión por las plantas hizo que la dirección del centro le prohibiera su recolección. Sin posibilidad de acceder a estudios botánicos superiores, el alemán ingresó en la Universidad de Leipzig en 1841 para cursar Medicina y Ciencias Naturales. 

Atraído por el movimiento universitario en defensa de una Alemania unida y libre, Willkomm ingresó en la asociación estudiantil, por entonces prohibida. La afiliación le supuso ser procesado junto a otros muchos estudiantes. Fue juzgado por delito de alta traición y expulsado de la universidad.


Maria Àngels Cardona i Florit: la botánica del ecologismo

M.Àngels Cardona i Florit
1940-1991

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona, Maria Àngels Cardona decidió no regresar a Menorca. Tuvo, sin embargo, a su isla como el eje central de sus investigaciones. Discípula de Ramon Margalef (ver entrada), fue pionera en el estudio de la flora a través de sus cromosomas y elaboró estudios de protección paisajística que desembocarían en la declaración de la Reserva de la Biosfera.

Maria Àngels Cardona era deudora de sus predecesores. Recopiló El coneixement florístic de l’illa de Menorca y rindió homenaje bibliográfico a Rodríguez Femenías (ver entrada). Pero ella era, en realidad, hija de otro tiempo. Nacida en Ferreries en 1940 se había trasladado hasta la Ciudad Condal para estudiar Ciencias Biológicas, licenciatura que obtendría en 1963.

Acabada la carrera, la menorquina decidió quedarse en Barcelona para continuar con su faceta de investigadora e iniciarse en la docencia. Formaba parte de una generación de biólogos discípula de Ramon Margalef, uno de los máximos representantes de la ecología como disciplina académica.


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