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domingo, 6 de octubre de 2013

Martin Eisentraut, el acelerador de Darwin

Martin Eisentraut 
1902-1994 

Miró a un lado y a otro. No había nada ni nadie que pudiera impedírselo. Encaramado a un acantilado de Es Dau Gros, Martin Eisentraut estaba a punto de revolucionar la ciencia. Abrió un recipiente –una jaula o una caja– y soltó en el islote ocho lagartijas macho del Escut Vermell y 20 hembras de Ibiza. Un reto para la naturaleza que acabó por darle la razón al darwinismo.

La zoología siempre estuvo en su vida. Nació en octubre de 1902 en Thungia, Alemania. La disciplina estaba en los primeros escarceos de Eisentraut con la naturaleza. También en las tres especialidades que, junto a botánica y geología, estudió en la Universidad de Halle para doctorarse en 1925.

Su currículum comenzó en el Museo de Historia Natural de Berlín. Allí consiguió colaborar en la sala de biología para una exposición sobre la hibernación. Le fascinaron los hamsters europeos y los murciélagos, a los que acabaría por dedicar una quinta parte de sus estudios. Pero las lagartijas se cruzaron en su camino.

Los años 20 marcaron el boomde la herpetología en Alemania. «Una auténtica locura en la que los científicos competían en la descripción de subespecies y, después, en conseguir que las revistas publicaran sus hallazgos», explica el profesor de Zoología de la Universidad de Salamanca, Valentín Pérez Mellado. Baleares se antojaba como un paraíso para aquellos estudiosos. Un archipiélago plagado de islotes por explorar y por sacar a la luz nuevos descubrimientos. Eisentraut llegó en 1928 en una suerte de competición, según algunos, con el herpetólogo L. Müller.

sábado, 30 de marzo de 2013

Miriam Astruc, la reina de los púnicos


Miriam Astruc
1904-1963

Ni siquiera los trabajos de investigación de Miriam Astruc escaparon a su mala estrella. La mayoría se perdió durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Y su muerte, ocurrida en mitad de una expedición en Petra, dejó inédito un estudio sobre los escarabeos egipcios de Ibiza. Sin embargo, sus campañas en las Pitiusas en los años 50 la confirmaron como una celebridad en arqueología experta en la cultura púnica.

Nació en 1904 en Burdeos, la misma ciudad en la que realizaría sus primeros estudios antes de dar el salto a la Escuela del Louvre. Allí, entre 1927 y 1931, se formó en arqueología y se diplomó como experta en la materia. Marcel Dussaud, un célebre orientalista, sería uno de los maestros que le descubriría la arqueología oriental y la epigrafía semítica. Pero Astruc pronto se interesó también en el hispanismo, y a finales de aquella misma década llegaría por primera vez a España de la mano de la École des Hautes Études Hispaniques.

La Casa de Velázquez en Madrid –una institución cultural dependiente del Ministerio de Educación francés– fue su primer destino. Había sido fundada en 1928, pero desde la muerte de su primer director, Pierre Paris, en 1931, había entrado en una suerte de eclipse. "Con Paris desaparecía la única persona capaz de suscitar vocaciones hispanistas entre los jóvenes arqueólogos franceses. Muy pocos investigadores franceses siguieron manteniendo actividades de campo en España durante los años 30 y 40, y los que lo hicieron, como el abate Breuil, no tenían relación con la Casa Velázquez. La única excepción fue Miriam Astruc", aseguran María Belén Deamos y José Beltrán Fortes en 'Las instituciones en el origen y desarrollo de la arqueología en España'. Ella llegaría a repetir estancia dos décadas después.

sábado, 19 de enero de 2013

William Morton Wheeler, el sociólogo de las hormigas


William Morton Wheeler
1865-1937

Recorrió medio mundo espiando cada territorio a ras de suelo. Las hormigas fueron, desde muy pronto, la pasión de William Morton Wheeler. Catalogó y describió especies, analizó su ecología y sus hábitats, pero su comportamiento fue uno de los aspectos que más le fascinó. Un curioso sociólogo de insectos que en 1925 trasladó sus investigaciones a Baleares.

Fue en la Universidad de Texas (Estados Unidos) donde Morton Wheeler inició sus estudios sobre hormigas. Allí debutaba como profesor de zoología. Nacido en Milwaukee en 1865, desarrolló dese muy joven un gran interés por los insectos. Se formó como embriólogo con BaurDohrn Whitman; y cuando –ya en el nuevo siglo– ingresó como responsable del área de invertebrados en el Museo Americano de Historia Natural, sus investigaciones tomaron una dimensión internacional.

Pasó años viajando por todo el mundo. Cuba, México, las Islas Galápagos o España. Su llegada a Baleares en 1925 coincidió con su aterrizaje en Europa y su estancia en la Universidad de París como profesor de intercambio. Primero visitó Marruecos, Canarias y el sur de nuestro país antes de dar el salto a las Islas invitado por Allison V. Armour. Por entonces, el conocimiento del americano sobre las hormigas baleares se limitaba a los trabajos previos de LomnickiTenenbaum Menozzi.

"Pasó 13 días en el archipiélago", recuerda el entomólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona, Xavier Espadaler. Acompañado por su anfitrión y en el barco de éste, el Utowana, visitó Mallorca, Menorca e Ibiza. Su objetivo era recoger ejemplares de hormigas en varias localidades no visitadas por Tenenbaum ni Eidmann, los recolectores que le habían precedido.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Ángel Palerm, el antrópologo del esclavismo

Ángel Palerm
1917-1980

Su llegada a México tenía detrás el drama de un exilio político y por delante, una brillante carrera como antropólogo. El nombre de Ángel Palerm es hoy prácticamente desconocido en su Ibiza natal, pero la Historia le dibuja como un maestro en el conocimiento de Mesoamérica y un académico –con una cátedra con su nombre en España– que llevó sus teorías a algunas de las principales universidades de Estados Unidos.



Nació en Ibiza en 1917 y allí viviría hasta que en 1936 dio el salto a Barcelona. Pese a ser un gran activista político, poco o nada intuía Ángel Palerm del estallido de la guerra que le pilló ya matriculado de Historia en la Universidad de la Ciudad Condal. Pronto se unió al ejército republicano para combatir en el frente. Tres años después, con la derrota, fue uno de los últimos en cruzar la frontera hacia Francia.



Su exilio comenzó con su confinamiento en un campo de concentración hasta que en agosto de aquel mismo año llegó a México. Allí pasó algún tiempo hasta que en 1945 decidió retomar su formación. Primero en la Universidad Nacional Autónoma y después en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Su tesis Las bases agrícolas de la civilización urbana en Mesoamérica le permitió obtener el doctorado en Ciencias antropológicas.



Autores como Foster, Carrasco o Armillas influirían en los inicios de su carrera. Pero sería de Isabel Kelly de quien aprendería, según él mismo, «el rigor de la metodología y la reflexión analítica». Desde finales de los años 40, Palerm se centró en la antropología y orientó sus estudios a su propio entorno para dedicarse a los orígenes prehispánicos de Mesoamérica. Un interés que ya había avanzado con su tesina y que se mantendría durante toda su trayectoria.

Élie de Beaumont, geólogo por correspondencia

Élie de Beaumont
1798-1874

Con una mano Élie de Beaumont dibujaba el perfil orográfico imaginario de Mallorca. En la otra, sostenía una de las rocas enviadas desde allí por Cambessèdes. Nunca había pisado el archipiélago, tal vez ni siquiera pensó hacerlo, pero la colección de minerales recolectados por su compatriota le permitió hacer una aproximación descriptiva de las Islas. Un artículo que constituyó el primer trabajo geológico sobre Baleares.

Nació en Calvados (Francia) en 1798, hijo y nieto de abogados. Pero la vocación de Jean-Baptiste Élie de Beaumont le orientó hacia la ciencia. Ingresó en la Escuela Politécnica y en la Escuela de Minas para estudiar ingeniería. Pero sería en las clases de geología donde descubriría su verdadera profesión. Las mismas que le llevarían a continuar su formación en la Facultad de Ciencias de París.

Entre 1820 y 1822 comenzaron sus viajes para realizar observaciones geológicas. Primero por diversas regiones francesas antes de dar el salto a Inglaterra y Escocia. Allí conocería también el mapa del país trazado por George Bellas Greenough. Era la inspiración necesaria para la gran carta geológica de Francia que empezaría a diseñar en 1841. El logro más reconocido de su currículum. Nada se sabe de cómo nació el interés de De Beaumont por Baleares. Tampoco del origen de su proyecto geológico en las Islas que tuvo al botánico Cambessèdes como principal aliado. Una suerte de corresponsal sobre el terreno que recogiera el material suficiente para su análisis posterior.

lunes, 11 de junio de 2012

Daniel Escandell, el observador de Marte

Daniel Escandell | EEIF
Daniel Escandell
1932-1997

La oposición favorable de Marte en 1956, unos diez millones de kilómetros más cerca de lo habitual, revolucionó Ibiza. El fenómeno y la reciente compra de un telescopio por parte del Ayuntamiento de la ciudad aceleraron la creación de un observatorio en el Puig des Molins. Detrás del proyecto, el joven Daniel Escandell. Un universitario que dirigió las observaciones del planeta rojo y que destacaba como la gran promesa de la astronomía ibicenca. Pero su frustrada carrera le convertiría en guía turístico.

Nació en Sant Jordi de Ses Salines en 1932, pero no sería hasta más de una década después cuando el nombre de Daniel Escandell comenzaría a ser popular. Su paisano, el astrónomo ibicenco Vicent Serra i Orvay (ver entrada), le conocería en una de sus últimas visitas a la Sociedad Astronómica de España y América, con sede en Barcelona. Ya entonces se refirió a él como «una gran promesa» para la ciencia, no sólo de la isla «sino de todo el estado».

Había sido durante el bachillerato cuando el joven se había sentido atraído por la astronomía y los estudios científicos. Aquel interés continuaría después con su matriculación en Ciencias Exactas en la universida de Barcelona. «La astrofísica aún no existía como carrera, y la astronomía, principalmente la posicional, era sólo una rama de las Ciencias Exactas», señala el presidente de la Agrupación Astronómica de Ibiza, José Luis Bofill.

domingo, 20 de mayo de 2012

Enric Gros, un espía entre la flora

Enric Gros
1864-1949

Cuando murió llevaba catorce años instalado en Mallorca y era, según dicen, «más pobre que una rata». Su nombre no aparecería entre las grandes personalidades científicas del siglo XX, pero Enric Gros había sido uno de los hombres fundamentales para el desarrollo de la botánica. Sobre una mula había recorrido España como un espía en busca de especies vegetales. Baleares acabaría por ser su refugio definitivo.

Nació en Franciac de la Selva (Girona) en 1864, en una familia de pastores. Probó diferentes oficios, desde leñador a segador pasando por carbonero del bosque, y a los 20 años aprendió a leer y escribir. Tal vez fue entonces cuando Enric Gros decidió emprender el gran viaje de su vida. Cuba parecía un destino atractivo además de un lugar en el que encontrar un empleo mejor. El Hospital de las Ánimas de La Habana le incorporó pronto a su equipo. Primero, como jardinero y después como voluntario para los primeros experimentos sobre la vacunación contra la fiebre amarilla. Las pruebas comenzaban con la picadura de mosquitos infectados. El catalán fue uno de los pocos que logró sobrevivir.

De regreso a Barcelona, Gros conoció a uno de los personajes más destacados en la ciencia del momento: el naturalista y oceanógrafo Odón de Buen (ver entrada). Lo que el aragonés vio en él es casi un misterio, pero no dudó en contratarle como ayudante de prácticas para su laboratorio en la universidad de la Ciudad Condal. Al fundar en 1906 el Laboratorio biológico-marino de Porto Pi, le trasladaría a Palma. Seis años después, pasaría como mozo de laboratorio al centro de Málaga.

sábado, 10 de marzo de 2012

La hazaña del geodesta Ibáñez

Carlos Ibáñez
1825-1891

El levantamiento contra las tropas napoleónicas dejaría a Baleares aún más aislada, geodésicamente, de lo que ya estaba. François Aragó, por su origen francés, se veía obligado a escapar disfrazado de payés mientras dejaba inconclusa la conexión de las Islas con el continente. Pasaría medio siglo hasta que alguien continuara el proyecto. Entre problemas económicos y administrativos, Carlos Ibáñez sería responsable de tal hazaña.

Nació en Barcelona en 1825, pero tardaría poco en trasladarse a Guadalajara para ingresar, en 1838, en la Academia de Ingenieros. Allí, estudiaría tanto disciplinas militares como científicas, algo que explicaría su ascenso meteórico en el Ejército. En una década se convertiría en teniente coronel. Sin embargo, su paso a la posteridad llegaría por ser considerado uno de los mejores geodestas de Europa.

Su primera gran oportunidad llegaría en 1853. Carlos Ibáñez era elegido miembro de una comisión creada para la elaboración de un mapa general de España. Un encargo del Gobierno por el que proyectó un nuevo instrumento para medir bases geodésicas que sería conocido como regla española.

domingo, 22 de enero de 2012

Eduard Boscà y la lagartija pitiusa

Eduard Boscà
1843-1924

En 1877 Eduard Boscà revolucionaba la zoología en nuesto país. Después de trece años de trabajo, publicaba la primera versión del Catálogo de los reptiles y anfibios observados en España, Portugal e Islas Baleares. Además de la innovación de su carácter nacional, sería el primer estudio herpetológico del archipiélago. Una investigación pionera a la que seis años más tarde sumaría la descripción de una nueva especie: la lagartija Podarcis pityusensis.

Nació en Valencia en 1843, la misma ciudad en la que primero se graduaría como bachiller en Medicina y Cirugía antes de licenciarse en Medicina y Ciencias en su universidad. Pese a que ya se iniciaba en la investigación pasó sus primeros años vinculado a la docencia. En 1873 doctoraba en Ciencias Naturales en la Universidad de Madrid e iniciaba su carrera como profesor.

La Escuela de Agricultura y Veterinaria de la Diputación de Valencia se convirtió, aquel mismo año, en su primer destino. Después llegarían los institutos de segunda enseñanza de Xátiva, Albacete y Ciudad Real. Faltaba sólo un año para que viera la luz pública la que sería su gran obra.

Bernat Calvet y el ensanche parisino para Palma

Bernat Calvet
1864-1941

El derribo de las murallas fue el primer paso para que Palma abandonara la estructura hermética que conservaba desde el siglo XVII. Bernat Calvet, un ingeniero ibicenco, fue el autor del proyecto de ensanche que modernizaría la ciudad. Pese a los ejemplos de Madrid y Barcelona, fue el parisino Plan Haussman el que le inspiró. Pero el gran plan urbanístico de Palma seguía incompleto y con grandes fallos medio siglo después de su concepción.

Nació en Ibiza en 1864, pero sería en madrid donde iniciara su carrera profesional licenciándose como ingeniero de Caminos, canales y puertos. Sus ascensos fueron continuos. Y, para cuando Alfonso XIII firmó en 1902 la orden de derribo de las murallas de Palma, Bernat Calvet era ya ingeniero municipal de la ciudad. Sólo un año antes su proyecto de ensanche, resentado bajo sin su nombre, había sido aprobado.

En pleno siglo XIX Palma conservaba la estructura y la fisonomía de dos centurias atrás. Encerrada en sus murallas, con un crecimiento caótico extramuros y con las «zonas polémicas» que prohibían construir a menos de 1.250 metros de ellas. La aprobación de las bases para el concurso que eligiera un proyecto de ensanche que iniciara la transformación. Un texto que estaría redactado en 1877 pero cuya convocatoria no llegaría hasta 1896.

El autor del plan elegido, aprobado en 1901, era Bernat Calvet. Un ibicenco que, pese a los ejemplos de Cerdà en Barcelona y Castro en Madrid, buscó inspriación en el proyecto de Haussman para París. Su idea era la de un ensanche en forma de gran corona circular que abarcara todo el casco antiguo. Desde Es Jonquet a El Molinar. El cauce de la Riera dividiría en dos el espacio.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Joan Roman Calbet, el mecenas de la arqueología

Joan Roman Calbet
1849-1910

Un puñado de monedas púnicas fueron el primer paso. En aquel momento, Ibiza era casi un vergel para la numismática. Pero el creciente interés de Joan Roman Calbet por la arqueología y el acierto con el que clasificaba los hallazgos, le hicieron destinatario de las más diversas antigüedades. En unos años no sólo tuvo una de las colecciones más importantes de la isla sino que sería una pieza fundamental en la Sociedad Arqueológica Ebusitana además de un mecenas en la nueva disciplina.

Nació en Ibiza en 1849, pero pasó sus primeros años entre su isla natal, Valencia y Mallorca hasta iniciar en Madrid sus estudios universitarios. Barcelona se convertiría en su penúltimo destino, donde no sólo se licenció en Derecho en 1872 sino que comenzó a trabajar como pasante. En sólo unos años, la abogacía le llevó de regreso a Ibiza. Allí compatibilizó su profesión con la de profesor.

Poco después, la carrera política se convertiría en su principal ocupación hasta principios del nuevo siglo. Sería entonces cuando lo que había sido sólo una afición comenzó a perfilarse como un futuro profesional. La fama de su interés por la numismática y la arqueología hicieron que familiares y amigos le obsequiaran con todo tipo de antigüedades hasta reunir una de las colecciones arqueológicas más importantes de las Pitiusas.

Al mismo tiempo, en otro punto de la isla, un grupo de amigos encabezado por Arturo Pérez Cabrero (ver entrada), veía en esos hallazgos la oportunidad de comenzar un gran proyecto. Su objetivo era crear una sociedad que realizara excavaciones –principalmente en la necrópolis del Puig des Molins– y crear un museo. En 1903 aquellos propósitos se materializaron con la fundación de la Sociedad Arqueológica Ebusitana. Fue entonces cuando vieron en Roman Calbet un colaborador fundamental.

viernes, 7 de octubre de 2011

François Aragó, el espía geodesta de Napoleón

François Aragó
1786-1853

Si la suerte radica en estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, podríamos decir que François Aragó fue –para lo bueno y para lo malo– un experto en el fenómeno. Un suertudo que con apenas veinte años llegó a Baleares para acabar las mediciones del meridiano de París. La mala fortuna hizo que sólo un año después le pillara allí el levantamiento contra las tropas napoleónicas.

François Aragó nació en Estagel, una pequeña población cercana a Perpiñán. Su sueño de infancia fue siempre estudiar en la Escuela Politécnica de París, pero una vez dentro, se dio cuenta de que aquella formación le quedaba corta. Con sólo 18 años su talento y una recomendación le permitieron convertirse en secretario del Observatorio de París. Allí le llegó su primera casualidad.

La muerte de Pierre Méchain había interrumpido el proyecto de medición del meridiano de París, aún quedaba pendiente la prolongación hasta Baleares.
Su cargo le hizo ser incluido junto a Jean Baptiste Biot en el grupo que completaría el proyecto y permitiría obtener un mayor conocimiento sobre la figura de la Tierra. 

«Ninguno de los dos tenía experiencia en la técnica de la triangulación geodésica, pero consiguieron convertirse en expertos en el manejo del círculo repetidor de Borda, el instrumento que utilizaban los geodestas de la época», afirma la investigadora y autora de François Aragó y Mallorca: la prolongación del meridiano de París a las Baleares 1803-1808, Elena Ortega.


Francesc Español, el rastreador cavernícola

Francesc Español
1907-1999

Pasaron seis años desde que Francesc Español descubrió lo que parecía una nueva especie de coleóptero cavernícola hasta que Jeannel lo corroboró bautizándolo como Speophilus españoli. Fue el impulso definitivo que centró su interés por la zoología en la entomología. Una faceta con la que llegó a Baleares en los años 30 para catalogar el universo de endemismos de las cuevas pitiusas.

La vocación de Francesc Español estaba clara desde su adolescencia. Nació en Valls (Tarragona) en 1907 y ya cuando estudiaba Bachillerato en la misma localidad, empezó a interesarse por los insectos. Su colección de coleópteros y hemípteros llegaba a las cuarenta cajas, material que años después iría a parar al Museo de Zoología de Barcelona.

Poco después se centraría en el estudio de la fauna cavernícola. Tenía sólo 17 años cuando, en 1924 y en la cueva de Traça (Tarragona), descubriría su primera nueva especie. El ejemplar fue enviado al entomólogo francés René Jeannel al Museo Nacional de Historia Natural de París. El experto tardaría seis años en confirmar el hallazgo y bautizarlo como Speophilus españoli


miércoles, 31 de agosto de 2011

Salinas, el oro blanco de las Pitiusas

Antes de que Benito Pérez Galdós estampara su cara en los billetes de 1.000 pesetas el dinero era mucho más tangible que el papel moneda. En China el Estado pagaba a sus acreedores con vales en sal y en Roma el Imperio inventaba la palabra salario por el producto en el que cobraban sus legiones. En las Pitiusas, el oro blanco tiene más de 25 siglos de historia.

El poblado de Sa Caleta demuestra la presencia estable en Ibiza de grupos fenicios ya en el siglo VII a.C. Desde entonces, la historia de las salinas pitiusas ha ido paralela a la de todas las civilizaciones que han pasado por ellas: fenicios, cartagineses, romanos... Los musulmanes fueron los primeros en constatar su explotación; en el siglo XIII el geógrafo Al-Himyari escribía: «En Yabisa (Ibiza) hay una salina en la cual la sal no se acaba nunca».

«Desde el año 600 a.C. han funcionado prácticamente sin interrupción. Sin embargo la explotación fue muy rudimentaria hasta que en el siglo XIII se introdujeron las primeras mejoras técnicas», afirma el director de la explotación ibicenca de Salinera Española, José María Fernández


Enric Fajarnés Tur: el hombre que escribió la Historia de Baleares con una calculadora

Enric Fajarnés Tur
1858-1934

Ni los periódicos ni la política se entienden ya sin las encuestas. «La moderna ciencia de gobernar descansa hoy sobre la estadística», predijo Fajarnés Tur a finales del siglo XIX. En la lenta pero progresiva evolución de las Ciencias Sociales en España pocos habían vuelto sus ojos a las matemáticas. El ibicenco fue uno de los primeros en aplicar la objetividad de los números.

Se licenció en Medicina y Cirugía en Barcelona pero apenas ejerció dos años como forense entre Ibiza y Palma. Poco tiempo pero el suficiente para conocer el estado deplorable de la sanidad en el archipiélago: las autopsias se practicaban al aire libre y la polémica por la falta de unas condiciones mínimas en el hospital de su isla natal acababa por provocar su cierre.

En 1881 Enric Fajarnés Tur ingresaba en el cuerpo de Correos y, aunque compatibilizó ambas actividades durante un tiempo, en 1886 decidió no volver a ejercer como médico. «Su familia era de clase alta así que no necesitaba asegurarse una posición económica, pero Correos le permitió viajar. Orientó su faceta científica a la investigación y gracias a su profesión entró en contacto con instituciones de toda Europa», afirma el director del Centre de Professorat d’Eivissa y coautor –junto a Joana Maria Pujades– de Enric Fajarnés Tur. Entre la història i la demografia, Ernest Prats.


sábado, 27 de agosto de 2011

Ramon Margalef, el primer ecologista marino

Ramon Margalef
1919-2004

Los seis años que el ejército arrebató a la vida de Ramon Margalef acabaron en Mallorca en 1943. Fue aquí donde el científico se inició en el estudio de los organismos acuáticos con el que, años después, se convertiría en un referente mundial. Una faceta que pasó del análisis empírico y directo a un nivel superior de la biología y que sentó las bases de una nueva ciencia: la ecología. 

Su vocación comenzó como una afición en el huerto de aquella casa barcelonesa en la que nació en 1919. Descubrió el mundo de los insectos, aprendió a clasificar mariposas y se enroló en el Centre Excursionista de Catalunya donde aprendió la relación de determinadas especies con su entorno.

La Guerra Civil lo truncó todo. Tenía sólo 19 años cuando fue llamado a filas. Ramon Margalef redactó comunicados y crónicas con una vieja máquina de escribir y participó en la Batalla del Ebro antes de creer que terminaba su tiempo en el ejército. No sería así. Con el bando nacional victorioso, volvió a ser reclutado en la unidad de artillería. Franco preparaba la intervención de España en la Segunda Guerra Mundial del lado de Alemania e Italia. Pero nunca se haría realidad.


El hilo submarino de O'Donell

Más de mil kilómetros de cable telegráfico serpentean Baleares por tierra y mar. Son los restos de un proyecto casi faraónico que permitió a las Islas salir de su aislamiento a mitad del siglo XIX. Fue el gobierno del general O’Donnell el que decidió conectarlas con la Península gracias al telégrafo. Casi dos siglos después, los avances de la comunicación han condenado la madeja a una olvidadiza obsolescencia.

Fue el proyecto de los hermanos Brett de salvar el Canal de la Mancha y comunicar Gran Bretaña y Francia con el telegráfo el que desencadenó el fenómeno. Que el intento resultara poco duradero, como el de unir Europa con Estados Unidos, era lo de menos. La posibilidad de aislar los cables con una cubierta de alambres de acero –resistente al roce de las rocas y sumergible sin pesos adicionales– abrió la veda a las conexiones submarinas.

En España, una ley de abril de 1855 puso en marcha la primera red telegráfica. Tres años después, su implantación en la Península ya se había completado. Sin embargo, el paso de los ríos se había hecho siempre por encima de puentes. Un conflicto provocaría la instalación del primer cable submarino.


domingo, 31 de julio de 2011

Ebusus, la isla de la púrpura

Cuando el Imperio Romano convirtió la púrpura en su color oficial, quiso controlar también su producción. Se prohibió su uso a quienes no pertenecían a la realeza y su industria se transformó en un monopolio imperial que extendió sus redes por todo el Mediterráneo. En el siglo IV la Notitia Dignitatum informaba de la creación de un centro productor en Baleares. Una sede que los expertos sitúan hoy en Ibiza.

Año 2000. La profesora del Departamento de Historia de la Antigüedad y de la Cultura Escrita de la Universidad de Valencia, Carmen Alfaro, descubre la pista para reconstruir la historia de una industria ibicenca casi tan antigua como su propios pobladores. 

En sus manos, la Notitia Dignitatum: un documento del siglo IV que hablaba de la existencia de un procurator baphii insularum balearum en Hispania. Era la primera referencia explícita a las Islas.
 
Se trataba de la confirmación del control que el Imperio Romano hizo de la producción de la púrpura de Tiro en su periodo tardío. La belleza del color –entre rojo y morado– y su precio elevadísimo que podía superar el del oro –para un gramo de púrpura se necesitaban más de 10.000 moluscos–, lo convirtieron en un privilegio reservado a reyes, emperadores y sumos sacerdotes. 

Sólo la familia más directa del emperador podía llevar túnicas de este color mientras que los altos cargos del gobierno llevaban sólo una banda. Diocleciano hizo de su industria un monopolio estatal y Nerón condenó a muerte a todo el que se atreviera a usarla.


miércoles, 29 de junio de 2011

Ximénez de Embún: el revolucionario forestal

Joaquín Ximénez de Embún
1913-1963

Ximénez de Embún era casi un recién licenciado cuando llegó a Baleares en 1941. Sus tres destinos anteriores –Valencia, Ciudad Real y Jaén– apenas hacían presagiar que aquel joven ingeniero de montes se convertiría en un revolucionario capaz de repoblar las dunas de Formentera y de proponer la creación del primer Parque Natural de las Islas.

La herencia familiar llevó a Joaquín Ximénez de Embún a estudiar ingeniería de montes. Hijo del que fuera presidente del Consejo Superior de Montes, nació en Zaragoza en 1913. Cuando llegó a Baleares en 1941 hacía sólo dos años que se había graduado como ingeniero. Pese a no ser su primer destino, pasaría nueve años en el archipiélago, el periodo más largo de su carrera.

El panorama de los bosques españoles durante la posguerra era un tanto ambiguo. Mientras la Administración Forestal cumplía casi un siglo, los recursos madereros de leña y carbón se transformaban en estratégicos en un periodo de gran escasez. «Los ingenieros forestales se convirtieron entonces en precursores del desarrollo sostenible. Fueron los encargados de gestionar el patrimonio y de velar por el aprovechamiento de las talas según criterios que garantizaran su regeneración», explica el ingeniero técnico forestal, Francisco Grimalt.


Pedro de Hordeñana: un 'Google Earth' forestal en el siglo XVIII

Pedro de Hordeñana

Sin saberlo, la Marina española fue la primera institución en preocuparse por la deforestación del país. No con un objetivo ecológico sino por la consideración de la madera como un bien estratégico. La necesidad de reconstruir su fuerza naval obligó al estudio de los recursos madereros disponibles. Un encargo que llevó a Pedro Antonio de Hordeñana a realizar el primer inventario de árboles de Mallorca, Ibiza y Formentera.

La posición estratégica de las Islas en las rutas marítimas supuso una importancia cada vez mayor de la construcción naval. Un sector que dependía de la amdera y que transformó el espacio forestal. El propio topónimo de Peguera hace referencia a la pega que se utilizaba para calafatear los barcos.

«La fabricación de barcos no fue la principal causa de deforestación. Los primeros que tenían interés en conservar esos bosques eran los constructores navales porque eran sus recursos. El peligro fue la ocupación por los cultivos y la población», asegura el jefe del Servicio de Gestión Forestal, Luis Berbiela. El aumento de la población acababa con las masas forestales por la necesidad de terrenos para la ganadería, los cultivos y las viviendas. La madera que resultaba de las continuas talas se destinaba también a la fabricación de muebles y al uso energético para los hornos de cal y para el calor doméstico.


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