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domingo, 17 de abril de 2011

Fernando Rubió i Tudurí: la primera multinacional farmacéutica


Fernando Rubió Tudurí
1900-1994

Como si de una chica Avon se tratase, Fernando Rubió Tudurí recorrió España con un maletín. En su interior, y en lugar de maquillaje, llevaba un nuevo producto farmacológico, la Glefina: un jarabe distribuido entre los niños para prevenir la malnutrición en una posguerra de hambrunas y que dio origen a la primera multinacional farmacéutica española.

Fernando Rubió fue barcelonés de nacimiento pero menorquín de adopción. Después de muchos años viviendo en la Isla –donde nacieron sus cuatro hermanos–, su familia se trasladó a la capital catalana a donde su padre, militar, había sido trasladado. Allí estudió Farmacia y Química antes de trasladarse al Instituto Pasteur de París para completar su formación. «Se relacionó con investigadores de vanguardia, pero decidió orientar su actividad no a la investigación sino a la producción famacológica», afirma el vicepresidente del Ateneo de Mahón, Miguel Ángel Limón.

Con apenas 24 años los experimentos primarios en su casa de Barcelona se transformaron en los pequeños laboratorios Andrómaco, que fundó junto al catalán Raúl Roviralta. Sus primeros trabajos se orientaron a la elaboración de una fórmula más científica de aquel aceite de hígado de bacalao que se administraba a los niños.


Francesc Cardona i Orfila: la ruta menorquina de la seda

Francesc Cardona i Orfila
1833-1892

El acercamiento de Francesc Cardona i Orfila a la ciencia es tan misterioso como el secreto mismo de la Creación. Comenzó por compatibilizar su actividad sacerdotal con sus inquietudes científicas y acabó por hacer de éstas últimas una industria pionera con seda made in Alaior.

Su formación en Teología en Valencia y Barcelona puso a Cardona i Orfila en el camino del ministerio sacerdotal y la pedagogía. El origen de su interés por la ciencia es algo desconocido, pero pronto lo aplicó a sus obligaciones eclesiásticas y colaboró con el Obispado en la creación de los gabinetes de física y química y de historia natural del Seminario Conciliar de Ciutadella. 

Pronto comenzaron sus investigaciones en dos áreas diferentes: la entomología –que estudia los insectos– y la malacología –interesada en los moluscos–. Dos facetas en las que se convirtió en un verdadero coleccionista. Sus conocimientos crecían al mismo tiempo que el número de ejemplares de su propiedad.

Sus tres volúmenes sobre entomología –entre ellos el Catálogo de los coleópteros de Menorca (1872)– recogían los nombres en latín de las especies, el que recibían en catalán y su hábitat. Por otro lado, su colección de moluscos fue durante mucho tiempo la segunda más importante de España en número de ejemplares sólo superada por la del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


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