Josep Sureda Blanes
1890-1984
Hay quien dice que la burocracia acabó con la faceta investigadora de Josep Sureda Blanes. Él, hombre polifacético –«un Leonardo al que sólo le faltó dibujar», como apunta Ángel Terrón–, se vio superado por aquel sistema de oposiciones que hacía imposible su acceso a una cátedra. Con la universidad se le cerraban las puertas a una vida como investigador que, aunque costosa, se le antojaba apasionante. La química industrial fue entonces su vía de escape.
Nació en 1890 en Artà pero su padre, farmacéutico, había abierto botica en Palma y toda la familia se trasladó a la capital mallorquina cuando Josep Sureda apenas tenía dos años. Como dictaba la norma no escrita de la buena tradición familiar, casi dos décadas después, también él acabó por licenciarse en Farmacia en Barcelona. Después, se trasladó a Madrid para estudiar el Doctorado; pero para entonces, la profesión heredada ya no le convencía.
«Teníamos veinte años, Madrid tenía veinte años, España tenía veinte años y todo estaba en su sitio», parecía gritar Madrid con palabras que luego escribió Almudena Grandes. La ciudad que se abría ante sus ojos estaba llena de posibilidades. Sureda Blanes formaría parte de la primera promoción de la Residencia de Estudiantes antes de convertirse «en nido de artistas y hombres de ciencia», como explicaría después. «Pese a la escasez de medios, se presentía ya que desde allí se iba a hacer una gran obra», añadía.

