En el siglo XVIII Menorca era una isla con muchos pretendientes. Las continuas conquistas y reconquistas la convirtieron en una especie de estrella mediática que acaparaba las páginas de los primeros diarios. Los sucesivos países que pasaron por allí cartografiaron el terreno dibujándolo a su medida. En 1752 The History of the island of Minorca, de John Armstrong, se publicaba conteniendo el mejor mapa visto hasta el momento. Pero ni era suyo ni era el primero.
Encartado entre sus páginas y sin referencia alguna aparecía aquel mapa: el supuesto primer intento científico de cartografiar Menorca que todos atribuyeron a Armstrong. «Las posteriores ediciones de la obra llegaron a citar textualmente su autoría. No era de extrañar, porque aquel ingeniero inglés era además muy buen dibujante», afirma el catedrático de Geografía Humana, Tomás Vidal Bendito. Fue él quien en sus investigaciones de 2001 descubrió el fraude que había perseguido a la Isla durante siglos.
El autor era efectivamente un ingeniero inglés llamado John, pero no Armstrong, sino Hargrave que en 1733 –20 años antes de la aparición del libro– había seguido las órdenes de la administración británica de levantar una cartografía de la Isla.
