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viernes, 7 de octubre de 2011

Miquel de Petra, el capuchino de los números

Miquel de Petra
1741-1803

Vistió el hábito con la edad más baja permitida, pero pronto fue mucho más que un simple religioso. La devoción y tal vez su parentesco con Junípero Serra, del que era sobrino, llevaron a Miquel de Petra a ingresar en los capuchinos con sólo 14 años. Y su sabiduría, a convertirse en matemático en la única orden que contaba con un museo de Historia natural y en un arquitecto que concibió los planos de su nuevo convento.

Nació en enero de 1741 como Miquel Ribot Serra, pero su localidad natal prontó le llevó a ser conocido como Miquel de Petra. Parece que la cercanía con su tío, fray Junípero Serra, marcó ya sus primeros estudios. Aprendió latín con los franciscanos observantes petrers y después amplió su formación en Palma de la mano de los jesuitas.

Era aún un niño cuando decidió entrar en la vida religiosa. Pidió su admisión en los Mínimos de Palma pero éstos, según recoge Miquel López Bonet en Fra Miquel de Petra i la història dels caputxins a Mallorca, le rechazaron por su baja estatura. Los capuchinos le aceptarían poco después y en 1755 vestiría ya su hábito. Tenía 14 años, la edad canónica más baja permitida.

Pronto Miquel de Petra dio muestras de sus grandes dotes intelectuales. Se dedicó no sólo al estudio de la filosofía y la teología, sino también al del arte y las matemáticas. Primero, se convirtió en profesor de los estudiantes de su convento. Allí, tras la petición del Ayuntamiento a la cúpula de la orden, sería pionero en enseñar la filosofía experimental de Ramon Llull en 1758. 




«Los capuchinos y los jesuitas siempre se distinguieron por su alto nivel intelectual y su dedicación al estudio. El convento capuchino era un espacio acorde con la Ilustración», apunta el historiador Jaume Llabrés.

Localización del convento extramuros
Su incorporación a la enseñanza no religiosa no tardó en llegar. El petrer fue el nexo de unión entre la orden capuchina y la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País, fundada en 1778 y destinada a promover la agricultura, las artes o la industria. En 1779 llegó como profesor de matemáticas a la escuela establecida por la asociación. «Era un centro libre, pero el pago de las matrículas hacía que, junto a los profesionales, sus alumnos procedieran de las familias de clase alta», señala Llabrés.

Poco después el capuchino sería propuesto para la cátedra de matemáticas en la Universidad y publicaría, en 1794, su Tratado de Matemáticas. Era, además, la misma época en la que obtendría el título de arquitecto. Una sucesión de logros por los que la Sociedad le nombraría socio de mérito.

La habilidad de Miquel de Petra como dibujante no era una novedad. Su primera aplicación fue la cartografía con la creación de tres mapas de Menorca, Ibiza y Formentera en 1771, así como otro de Mallorca y un plano de Palma en 1801. Sin embargo, su obra Notas para el mapa de Mallorca de don Antonio Despuig año 1785 sería su contribución más reconocida, ya que ayudó al cardenal en tareas de reducción y equivalencia de medidas.

Observaciones sobre la arquitectura en Mallorca y abusos introducidos en el corte de sillería (1801) es el único título del que se tiene constancia en su faceta como arquitecto teórico. En la práctica, trazó los planos para las iglesias de Consell, Capdepera, la del monasterio palmesano de La Real o el baptisterio de la Catedral.

Dibujo del convento derribado
La unión de arquitectura y religión llegaría a la cima con la implicación del petrer en la construcción, a finales del siglo XVIII, del nuevo convento capuchino. El anterior, ubicado en el arrabal de Santa Catalina, fue derribado en 1771 para construir una muralla en Palma que comenzaba en el baluarte de Sant Pere.

Miquel de Petra no sólo dejó constancia con sus dibujos de la existencia de aquel primer convento. Después, formaría parte de la comisión que solicitó la construcción de uno nuevo intramuros y realizó los planos para el mismo, que comenzó a edificarse en 1775 cerca de la Porta Pintada.

El mallorquín sería uno de los mejores ejemplos de la compatibilidad entre ciencia y religión. No en vano, los capuchinos eran la única orden que contaba con un museo de antigüedades e historia natural fundado por Cayetano de Mallorca. Miquel de Petra no sólo se encargó de su conservación sino que ayudó a la ampliación de sus fondos. Los mismos que se dispersarían con la exclaustración de 1835. «La mayor parte de su biblioteca pasó a Can Vivot, ya que tenían preceptores capuchinos. El resto se considera perdido», explica Llabrés. Del convento, que la desamortización transformó en cárcel, hoy sólo queda su iglesia.


Baleópolis nº121  06-09-2011

Fuentes

LÓPEZ BONET, Miquel. Fra Miquel de Petra i la història dels caputxins a Mallorca

MULET, Bartomeu. La introducció de les noves ciències a Mallorca durant la segona meitat del segle XVIII

PICORNELL, Climent; SEGUÍ, Joana M., GINARD, Antoni. El mapa de Mallorca d'Antoni Despuig

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